Cuentos y Relatos: "LAS  CARTAS ECHADAS"

SANTA ROSA 05/03/2024 Diario Tres Diario Tres
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por Serafina Burzio (Wheelwright - Santa Fe)

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Delineó bien el contorno de los labios y los pintó.

Tomó distancia del espejo.

Miró.

El color le pareció un poco “cabarute” pero rojo más, rojo menos, ¿qué más daba?.

Se dio vuelta, abrió el ropero y eligió el vestido de tono más tranqui, ya bastaba con la trucha pintarrajeada, no era necesario agregarle más a ese look (¨”Te faltan las lucecitas de colores”, como le decía Carola).

Seguro que no llegaba a la esquina sin levantarse alguno.

Y esa noche sentía que no había que apurar el tiempo. Solamente esperar y dejarlo 

correr.

Echó una mirada por última vez al espejo. La imagen que le devolvía no era más que la que esperaba: un rostro un poco demacrado con una sonrisa cansada que no disimulaba lo que era.

Se puso los tacos.

Los rojos no.

Le volvió a la mente el amargo recuerdo de cuando los compró y el imbécil que atendía miraba con cara de forro, con una media sonrisa de burla cuestionando lo que eligió o tal vez por alguna otra cosa que a esta altura del partido ya no le buscaba explicación.

Se movió sigilosamente. Bajó la escalera despacio, para no delatarse.

-¿Salís?

La voz del tío Ñato le produjo un sobresalto.

-¿Todavía mirando la tele? Pensé que ya estabas en el sexto sueño.

-¿Salís? Pregunto porque tu mamá no se puede dormir hasta que vos llegás y vos llegás cada vez más tarde.

-Me imagino que no es un reproche. Ustedes siempre miraron para otro lado. No es el momento para hacer cuestión por mis salidas.

     -No es reproche, y sí…tenés razón.

     -Yo supe de entrada lo que había que hacer para llenar la olla cuando me echaron del              laburo.            

-Ni yo ni tu madre te pedimos algo, si ahora te parece que te estás sacrificando por dos viejos que no valemos mucho, el asilo está cerca.

-Borrón y cuenta nueva ¿no? Dejate de joder y andá a dormir, a estas horas de la noche lo que menos tengo es ganas de escuchar ese repertorio.

Abrió la puerta del living.

     -Cerrá con la llave tuya, yo tengo las mías. Y no abran a nadie, a ver si cuando vuelvo me encuentro con la sorpresa que algún chorro les haya pegado un chumbazo.

-¡Qué suerte tenés, todavía te sorprendés por algo!

-¡Dale tío, dale! Cerrá la puerta y dejate de joder! Hoy estás insoportable, se te cayó el almanaque encima.

Dio unos  pasos puteando por haber tenido la gran suerte de que el tío estuviera levantado y le diera por milésima vez a sus reflexiones de moral.

Ahora, justo ahora, cuando todo le resbalaba porque las cosas se plantearon así, no hubo vuelta de hoja.

La hipoteca de la casa…los remedios para la diabetes del tío…la enfermera para atender a la vieja…las colas interminables esperando un laburo que no llegaba.

Las cartas estaban echadas y, como en el truco, tuvo que aprender rápido a mentir antes que le ganaran la mano.

      Lo demás todo es historia, lo demás es basura. Lo demás es lo de menos.

Cruzó la calle y esperó en la esquina.

El candidato no se hizo esperar. Mientras le abría la puerta del coche, apurado por miedo a que alguien lo viera, en ese momento escuchó a los tacheros de la esquina:

-¡Negro!¡Boludo! ¡Tenés que hacer un curso para aprender a usar los tacos!

Mientras el auto aceleraba, les hizo faquiu una vez más.

Que sabían ellos.

 

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