Una balada en las sierras

SANTA ROSA 06 de agosto de 2021 Por Diario Tres
GRAN ANGULAR
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Por Valdir Peyceré valdir cara

En los últimos tiempos me estoy animando a escribir cuentos… algo más que crónicas, cosa que manejo y hago hace tiempo. Estos mismos “Gran Angulares”  no dejan de serlo; crónicas, ensayos, notas con ese “qué” literario que creo, es lo que le da el sustento, la magia, “el duende” (del que hablaba García Lorca), alejadas de su perfil meramente periodístico, estas crónicas son un poco más suculentas para el lector que la sola sentencia de los datos (y datas) de un comentario informativo y “duro”, aunque el tema cultural sea lo que prevalezca. El escritor (o escritora) solitario, que busca un paraje, un lugar alejado y sin inconvenientes es algo recurrente en muchos inicios de películas de todo tipo… mucho más las que tienen la aventura y el suspenso como temas. Porque en esa aparente calma en verdad se encierra un sinnúmero de situaciones tensas, oscuras y a veces violentas. Recordarlas todas sería complicado y pedirle a la memoria que configure un decálogo de filmes donde muchas veces él o la protagonista en verdad huye de una vida anterior complicada o acuciada de  vicisitudes adversas que no le permiten estar en un lugar tranquilo y concentrarse en la escritura y en su próximo libro.

Como poeta, la tarea parece difícil a veces, pero del entorno no me puedo quejar. ¿Cuántos escritores, músicos, poetas e, incluso, deportistas han tenido en las sierras cordobesas su lugar de refugio, meditación y fuga?. A veces fue un exilio mediterráneo en tierras distantes (Rafael Alberti, Manuel de Falla); por un problema de salud (el más emblemático es el caso de Ernesto “Che” Guevara que pasó la infancia en Alta Gracia por recomendación médica para aliviar su asma); por inspiración y tranquilidad creativa (Luca Prodan y su grupo Sumo es uno de los más famosos) y en algunos casos la mano del Destino (Viggo Mortensen, el actor que aunque galardonado en Hollywood y en el mundo, se dice en parte argentino porque también pasó su infancia y juventud en Punilla); ínfimos y muy conocidos ejemplos de esa diversidad por la que pasaron algunos “famosos”.  Una vez, invitado a una cabaña en los linderos del Tabaquillo me enteré que era un lugar de entrenamiento de Las Leonas (quienes todavía, cuando escribo estas líneas, tienen alguna chance en estas Olimpiadas esquivas para la Argentina). 

Estos dos últimos años (pandemia de por medio) en parte me obligaron a una tarea que de alguna manera ya me interesaba, el de escribir crónicas con alguna perspectiva diferente de lo que venía haciendo; ahí surgieron mis “Crónicas de la (post) pandemia” de las que escribí unas seis o siete para este medio; también algunas notas de color y algunos cuentos medio “auto-biográficos” de los que no quiero adelantar mucha información porque bueno, mi intención de publicar algo no está descartada. Y después, como un sutil aliado está la foto… la fotografía que acaba funcionando como algo más que una ilustración… el dibujo también ayuda y la música un poco más, ya que este ítem es actualmente un componente de mi labor profesional. La radio le pone un poco de adrenalina a la vida (un poco más de la que ya tiene) y la magia (¡de nuevo esta palabra!) de la imagen a la poesía.  Un invierno que viene siendo algo generoso por las tardes con un calorcito agradable que deja tiempo para disfrutar del río, el jardín y la diversidad de vida y colores de Santa Rosa. Un tema musical o la radio acompañando y una foto que selecciono para este ensayo. Una imagen para vos y para mí en este comienzo de balada que empieza  a oírse entre las sierras.

                    

Foto: Valdir Peyceré

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