Pino Solanas: una herencia de cine y compromiso

SANTA ROSA 13 de noviembre de 2020 Por Diario Tres
GRAN ANGULAR

por Valdir Peyceré

Cuando descubríamos que el que se considera el más fuerte sistema democrático del mundo al final era el más débil. Me refiero a los Estados Unidos y el intento del cavernícola de ultraderecha Donald Trump por poner más que “palos en la rueda”  de una elección que a todas luces (y dentro de las reglas impuestas por los mismos EEUU) la recontra ganó Joe Biden. Judicializar, ensuciar la cancha, valerse de subterfugios por un berrinche de chico rico es sin duda el recurso de los cobardes, de los que no saben perder, de los políticos de derecha. Cuando mirábamos las pantallas de los noticieros, tal vez solo con el alivio del gran ejemplo boliviano, llegaba la noticia: Fernando Ezequiel “Pino” Solanas moría en París víctima del Covid 19 a los 84 años de edad. Como siempre que alguien muere hay una tendencia por decir todo lo bueno que ese ser hizo. Sin embargo, caer en esa tentación fácil no es mi fuerte. Esa postura no sería justa y no le agradaría ni al propio Pino Solanas. Como ser político, como ideólogo emparentado con el progresismo y la izquierda, sin dudas tuvo sus contradicciones, sus momentos de flaqueza al asociarse a sectores de centro derecha, como su “momento” más oscuro al acercarse al sector de la portavoz de las “señoras mal – amadas de Recoleta”;  me refiero a la consabida Lilita Carrió; pero, bueno, ese “momento” biográfico de Solanas hoy quedará probablemente en el olvido frente a la abrumadora performace de su vida política y su carrera artística siempre del lado de las causas justas y aliado del campo popular.  Su carrera como realizador cinematográfico arranca con “La Hora de los hornos” (1968) co-dirigida con Octavio Getino, con quien un año después crearía el proyecto Cine Liberación.  La idea era crear un circuito de distribución y realización alternativos contrarios a las dictaduras y al imperialismo y a los circuitos impuestos por la industria cinematográfica hollywoodiense. 

Recuerdo haber asistido a la proyección de ese larguísimos film (“La hora de los hornos”) en el Colegio Nacional Manuel Belgrano, en Buenos Aires, creo que en los días posteriores a su toma, en la llamada “Primavera Camporista” (mayo – junio de 1973). Hasta hoy creo que lo más “fuerte” de la película, por definirla de alguna forma, fue el momento en que la cámara se fija por varios minutos (interminables) en el rostro del Che Guevara, asesinado en La Higuera (Bolivia). Mis ojos juveniles se quedaron con esa imagen que retaba a todos como un desafío o un punto de “inflexión” ligados a nuestra historia latinoamericana. Después de participar y ganar el premio al mejor documental del Festival de Pesaro (Italia) la película recibiría innumerables premios y sería vista en más de 70 países. Su éxito se debió en parte a la coyuntura de la época con el Mayo francés a poco de concluir y con una perspectiva de lucha anti imperialista en muchos países del tercer mundo.

En 1971 realiza con Getino, una serie de entrevistas al General Juan Domingo Perón en “Puerta de Hierro” (Madrid) que se convierten en referencia para la militancia peronista de la época, un poco antes del retorno de Perón a la Argentina con la entrega del poder por parte de la dictadura de entonces (1966/73) en ese momento encabezada por Lanusse. En 1975 realiza en la Argentina “Los hijos de Fierro”, su primer trabajo de ficción.  Algunos meses después es amenazado de muerte por la Triple A y al comienzo de 1976 hay un intento por parte de un comando de la Marina de secuestrarlo. A partir de ese momento decide refugiarse en España primero y después, definitivamente en Francia donde dirige en 1980 “La mirada de los otros”. Fue en París donde filmó el que probablemente se convertiría en el más exitoso de sus movies: “Tangos: el exilio de Gardel” en 1985, vencedora del Festival de Venecia y La Habana.  Después vendría “Sur”, 1988 que recibiría el Premio al mejor Director en el Festival de Cannes. Posteriormente es objeto de un atentado que el cineasta ligó al presidente Carlos Saúl Menem. “El Viaje” es su próximo desafío que Pino posterga a causa del atentado y lo termina en 1992. En 1998 realiza “La Nube”, premiada en el Festival de Venecia. 

Pero como nada en Argentina es fácil; viene la terrible experiencia del 2001 by “De La Rúa – Cavallo” y esa catacombe le inspira su “cámara” para hacer otro documental: “Memoria del saqueo” (2003) que va a ser muy elogiado en diversos círculos cinematográficos y le proporciona un galardón a su trayectoria fílmica por el Festival de Berlín. El año 2005 es prolífico para Pino Solanas; además de estrenar “La dignidad de los Nadies”, es homenajeado por el Fondo Nacional de las Artes  con un premio también  a su trayectoria cinematográfica, posibilitando un premio de monta en su propia Patria. Pino recibirá diversos premios por los gobiernos de Italia y Francia y la principal  distinción a la cultura en Cuba; la Orden Félix Varela.

Según Borges al referirse a Fiodor Dostoievski en un momento escribe que lamenta que alguien con ese nivel literario se hubiera interesado “por la mera política”. No estoy de acuerdo con Borges si me pongo a “hilar fino” porque no soy de los que piensan en la política como una mala palabra sino todo lo contrario, además porque prefiero quedarme con los buenos políticos que, aunque no abunden, creo que los hay, los hay; pero sé “adónde Borges quería llegar” con esa afirmación. No tengo la pretensión, aquí, de hacer un panegírico de la trayectoria política de Pino que amén del desliz referido arriba fue siempre fiel al legado del pueblo, al campo popular y al fortalecimiento de la Patria Grande; pero igual prefiero, un poco más recordar al Pino cineasta… Aunque, pensándolo bien, tal vez sean lo mismo. 

 

 

 

 

 

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