Buscando la Patria Grande

SANTA ROSA 23 de octubre de 2020 Por Diario Tres
GRAN ANGULAR
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por Valdir Peyceré

El extraordinario triunfo de Luis Arce (M.A.S.) en Bolivia reinstaló a quienes no debieron dejar el poder el año pasado (expulsados a la fuerza, fruto de un golpe planificado y perpetrado por la ultraderecha) y rediseñó el mapa de América Latina en lo que tiene que ver con su perfil ideológico. Volvió a encender la esperanza de una América Latina unida con intereses comunes y sin divisiones propiciadas por el Imperio y por las oligarquías vernáculas.

La patria por la que pugnaron Bolívar, San Martín y Artigas parece que quiere, nuevamente, dejar de ser una mera utopía para alimentar una posibilidad palpable. Las diferentes culturas de cada uno de los países de Hispanoamérica vuelven a tener los colores del arcoíris de la bandera de los pueblos originarios.  Todo eso por una votación donde el pueblo le dio una paliza a sus esclavizadores; a las maniobras sucias de las elites y de la más rancia derecha, además de la injerencia de la OEA (Organización de los Estados Americanos) cada vez más sumisa a los intereses de la Casa Blanca. Sin hablar de los famosos medios de comunicación fieles a los sectores abastados y oligarcas que reniegan de las culturas milenarias de sus pueblos y ridiculizan a la pachamama entre otras. El reto de Luis Arce (ex ministro de economía de Evo Morales) es enorme, porque, en un año, la destrucción de la economía ha sido salvaje y se ha retrotraído a un estado de cosas muy anterior al advenimiento de Evo Morales – Álvaro García Linera en el que fuera el mejor gobierno en resultados concretos y recuperación de la economía en toda la historia de Bolivia.   

Diversos libros hablan de esa lucha iniciada  a comienzos del Siglo XIX por varios patriotas que con miradas distintas querían lo mismo: la Unidad de América. En “La venganza de los patriotas”, Miguel Bonasso nos habla de las vicisitudes de la Campaña de San Martín al Perú, la liberación de este país, la oposición del gobierno de Buenos Aires y los palos en la rueda que la oligarquía limeña le ponía a nuestro principal prócer y a su alfil; Fernando de Monteagudo, que como ya ha dicho Felipe Pigna, fue un patriota con una mirada latinoamericanista muy revolucionaria para la época, del que se sabe (y principalmente, ¡se enseña muy poco!) pero que se lo puede emparentar a nombres como el de Mariano Moreno. La visión de San Martín va a ser confrontada por la idea de Simón Bolívar y ese choque, como sabemos, lo tendría como vencedor a este último después de la Entrevista de Guayaquil.

Retrotrayéndonos al comienzo de la argentinidad, o sea, a la Revolución de Mayo nos encontramos con estas líneas escritas por Felipe Pigna en su “Los mitos de la historia argentina”:  (…) El Alto Perú tenía una doble connotación para hombres como Moreno y Castelli. Era, sin duda, la amenaza más temible a la subsistencia de la Revolución y era la tierra que los había visto hacerse intelectuales. Fue en las aulas y las bibliotecas de Chuquisaca donde Mariano y Juan José conocieron la obra de Rousseau y  fue en las calles y minas de Potosí donde tomaron contacto con los grados más altos y perversos de la explotación humana (…)  Allí también se habían enterado de una epopeya sepultada por la historia oficial: la gran revolución tupamarista. Fueron los indios los que les hicieron saber que hubo un breve tiempo de dignidad y justicia y que guardaban aquellos recuerdos como un tesoro, como una herencia que debían transmitir de padres a hijos para que nadie olvidara lo que los “mandones” soñaban que nunca hubiera ocurrido. (…) El ejército de Castelli parte hacia el Alto Perú con lo poco que hay, con el pobrerío que lo sigue y con una revolución por hacer. Va hacia las tierras que no pudieron liberar Tupac Amaru y Micaela Bastidas, va a hacerles justicia, va a testimoniar que cada parte de los cuerpos de los tupamaros germinó en flores rojas en todos los poblados usurpados.

 Si Pigna nos recuerda un pasado de altos ideales revolucionarios que se entrelazan con las peripecias de la tierra usurpada al pueblo inca. Allí en ese Alto Perú que hoy comparte Bolivia y Perú y parte del norte de Argentina y que aunque a esa misma oligarquía que es casi la misma aquí y allá, no le gusta ni el ideal de esa busca de igualdad ni esa lucha por una unidad geográfica que en general no agrada a los poderosos por eso del “divide para reinar”. 

Hoy; pasados más de 200 años de aquellos hechos, gran parte de esos motivos por los que se luchó siguen  intactos en la perspectiva de lucha de estos pueblos.

Y los líderes como Evo Morales, Álvaro García Linera, David Choquehuanca, Luis Arce, Andrónico Rodríguez,  Adriana Salvatierra no hacen más que hacer suyos esos viejos reclamos y darles la forma de una reivindicación que se ha transformado en el gobierno más competente de América Latina en las últimas décadas y que a pesar de la interrupción golpista de las fuerzas reaccionarias ha vuelto a desplegar sus banderas de dignidad, justicia social y redistribución de ingresos entre el pueblo.  A nosotros nos toca seguir nuestros senderos de esa misma lucha por repartir las riquezas del suelo de una forma equitativa. A nosotros nos toca, tal vez,  inspirarnos en nuestros hermanos bolivianos para hacer grande al suelo hispanoamericano como José de San Martín, Manuel Belgrano y José Gervasio Artigas, querían.

 

 

 

 

Diario Tres

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