Ensayo sobre el amor

SANTA ROSA 20 de octubre de 2020 Por Diario Tres
CUENTOS e HISTORIAS
niña-escribiendo

por Carola Ferraricaro


A los ocho años escribí un cuento en la escuela, mi primer cuento, estaba en tercer grado, y la escritura vino como puerta a otro mundo, un mundo donde era la gobernanta, gobernanta de mi pluma, gobernanta de mis personajes, gobernanta de mis enojos y de mis dolores. Y ya allí, en mis escritos, armé mí mundo. 

El efecto de escritura no pude siquiera pensarlo sino hasta ahora, ahora que creo que mi pasado está también tejido por mis cuentos, mis relatos, mis fantasías que me escribían lejos y dentro en un mismo tiempo. 

Escribí cuentos, poesías, canciones, cartas de amor. Recuerdo una especialmente que decía: “…tal como una primavera que vuelve a florecer…” era la historia de un ciruelo que en julio se copó con el calor y se largó a florecer para que la helada de agosto lo dejara toda una temporada sin frutos, ¡tanto olor a peperina este, mi corazón roto! 

Después llegaron las novelas y amé escribirlas, investigarlas, transmitirlas y pienso que quiero seguir haciéndolo, si puedo. Amo las novelas, los cuentos, los relatos. Pero estos años me tomé un tiempo, al menos para las novelas, puse en suspenso ese tipo de escritura, porque quise otro modo. Quise escribir una tesis y elegí una maestría en teoría lacaniana que de principio a fin implicaba realizar ensayos sobre diferentes seminarios que el cursado exigía. Mi tema de investigación elegido, por supuesto, fue el amor. Así que acá me encuentro, produciendo un ensayo sobre el amor. 

Estoy aprendiendo de la rigurosidad de las citas, de los pie de página, de la bibliografía y de las normas apa, pero lo más hermoso que me sucedió fue que aprendí que el psicoanálisis es poesía. Leer autores lacanianes es un viaje, la experiencia de conducir un análisis y la magia de mi propia posición de analizante son la escritura de esta experiencia, que no hace otra cosa que hablar del amor, y me entusiasma cada día, siempre es el plan con el que me las arreglo para tener a mano un vino, música, y dejar si acaso que las letras toquen mi puerta. 

Nunca entendí la poesía, quería hacerlo, analizaba sus estrofas en búsqueda de un sentido. Lacan me enseñó a no pretender entender; comprender nos aleja del sinsentido que es lo que más se nos parece. Soportar no entender es aflojar para que eso resuene, la letra resuena, el vibrar de la misma, allí donde ya dejó su huella y a la que retorna, cada vez, para que la palabra resuene en los ojos, en los oídos, en la panza. Porque la palabra nos toca, nos escribe, nos canta. La letra nos late, nos calma, nos danza. Y que el sentido se calle para que la letra cante. 

Ya casi termina el cursado de esta maestría y me conmueve sentir que el psicoanálisis es mi amor. Y sueño que acaso, ojalá, alguna vez pudiera escribir algo que de tan psicoanalítico se convirtiera en una, mi mejor poesía. 

Diario Tres

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