Hacia un nuevo inconsciente virtual

SANTA ROSA 25 de septiembre de 2020 Por Diario Tres
HISTORIAS y CUENTOS
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POR CAROLA FERRARIcaro

 

Hay (¡ay!) el covid-19. Aislades, pero conectades, así estamos al menos una parte de la población. Hay (y ¡ay!) por supuesto esa parte que no se aisló o que nunca conectó. Porque hay (¡ay) la desigualdad, porque hay (¡ay!) la diferencia, porque hay (¡ay!)  la singularidad. 

 Formo parte de ese sector que a veces conecta, (con wifi o con la palabra, la mirada o la escucha) porque trato, casi siempre, de ser además de escritora, practicante del psicoanálisis Lacaniano y siempre en formación, en revisión, en reescritura. 

Hace más de quince años que llegué a mi primera sesión de análisis sufriendo por amor y básicamente sigo sufriendo por amor. Y decirlo así suena como que mi caso no es el mejor ejemplo de la efectividad del tratamiento, pero parece que el amor es mi hueso duro.  

Mi primer encuentro con el psicoanálisis fue una contingencia, llamé en plena urgencia subjetiva a una clínica donde cubría mi mutual y allí me dieron el turno. Fue un martes, lo recuerdo, mi analista no atendía por mi mutual, pero igual me escuchó, esa primera sesión hizo una intervención tremenda, hermosa, puso todo en orden. Y desde ese día me abrochó al psicoanálisis, que hoy es una causa que me convoca cada día, a leer, a escribir, a mi práctica profesional, a mi formación. Creo en la experiencia de análisis, creo en el encuentro con el inconsciente, que es la base de toda la teoría.

Pero, ¿qué el inconsciente? ¿se lo preguntan? Porque yo encuentro tantas formas de pensarlo, de entenderlo, que no sé si se puede escribirlo en pocos renglones. 

Lacan en algunos momentos de su enseñanza lo define como eso estructurado como un lenguaje, eso que se arma de palabras, el blablá de la novela que nos contamos y que a veces, con suerte, le contamos al otre. Otras veces lo nombra como eso que aparece ahí, cuando hay un lapsus, un fallido, cuando nos equivocamos, básicamente, aparece el inconsciente, el sujeto, entonces, básicamente el sujeto del inconsciente es un error, una falla. Somos sujetos del inconsciente porque estamos fallados. Es muy raro pensarnos de ese modo. Y al mismo tiempo, es un alivio. 

También, algunas veces, Lacan ha hablado del inconsciente transferencial. Porque si el inconsciente está en las palabras, cuando vamos a una sesión de análisis, entonces, las palabras que van y vienen son las que tejen ese inconsciente transferencial y sobre todo el amor de transferencia.

Hoy, la contingencia del coronavirus nos invitó a una nueva modalidad, la virtual. Al principio pensé que iba a ser algo así como un “sostenernos en la urgencia”, pero el análisis se llevó adelante prescindiendo del espacio que otorga el consultorio, prescindiendo de la totalidad de los cuerpos. Así, nos encontramos con cuerpos recortados en objetos, voz, mirada, escucha. 

Lacan también nos enseña que el inconsciente fue identificable por Freud a lo mental; y resulta que lo mental está tejido de palabras. Estamos frente a un real sin precedente alguno, y si lo real es imposible de pensar, si es que no cesa de no escribirse, no hay escritura aun para este real, para esta pandemia. El inconsciente es todo lo que es mental, a fin de cuentas, es lo que escribimos con nuestra propia pasión, pasión que viene de ese rasgo que nos vuelve únicos, singulares. 

Porque si la transferencia y el amor que supone la misma tiene que ver con un inconsciente transferencial que se pone en juego para llevar adelante la experiencia en el encuentro de la palabra que va y viene del analizante al analista, un en-cuento con el significante, porque un amor, como el que me llevó a mi primera sesión de análisis y como el que me sigue causando para escribir y pensar, el amor es una experiencia de análisis, es un cuento, y hoy estamos construyendo un en-encuento por fuera de la norma tal como la conocemos, es la posibilidad de la pregunta, cada vez, formulada en eso que pulsa, que empuja, que resuena como eco de la palabra, palabra venida del analizante y analista, como resonancia de la letra, lo más singular de cada quien, constituyendo ese inconsciente transferencial desenrollado en la experiencia que cada quien pueda sintomatizar con su propia virtualidad y hacía, quizás,  un ¿nuevo inconsciente virtual? 

Diario Tres

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