Efecto de poesía

SANTA ROSA 14 de septiembre de 2020 Por Carola Ferrari
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por Carola Ferraricaro

 

En el Champaquí pasé mi verano de los catorce años. Mi mamá se había ido a la base del cerro a encargarse de un albergue para turistas. 
Fue un verano genial, loco, extraño; recuerdo que llegaban excursiones de gente hermosa. Nosotras trabajábamos, atendíamos el quiosco, servíamos el desayuno y la cena y después nos quedábamos ahí, a trasnocharla. Ese verano aprendí a jugar al truco, a fumar, tomé un poco de alcohol y di mi primer beso. Todo pasó allá, en lo alto. 

Recuerdo esa Navidad en el Champa, bah, recuerdo el regalo que me hizo Cintia en esa navidad. Ella propuso hacer obsequios artesanales, así que sorteamos, creo, y yo salí sorteada y Cintia me regaló su poesía, eso recuerdo, su poesía. Recuerdo la hoja rayada de un cuaderno, recuerdo la tinta verde, y recuerdo que eran oraciones cortas, una debajo de la otra, prolijas, como armando un árbol, o algo con forma linda, como una silueta. Y recuerdo fragmentos de palabras y oraciones: “vuelo hacia ti, pequeña”, decía en una parte y siempre que la recito, lloro. No sé, me emociona esa parte. 

Y hoy voló a mí su trazo, trazo al que me parezco, creo, y quiero, aunque el de ella no titubeaba, porque mi madre tenía un trazo derecho, en cursiva, su letra era prolija, linda, me gusta parecerme un poco en su letra. Porque fue de a poco me fui pareciendo a ella, cuando dejé de imponerme la mayúscula, cuando empecé a escribir sabiendo que corregiría, o cuando me volví anotadora mi letra se pareció a la de Cintia, y luego mi firma también, sin pensarlo. Porque hace unos años la recorté,  la reduje a dos letras “CF”.
Una firma que parece simple pero es infalsificable, eso me dijeron, aunque yo insistí: “hacés la C y después la F, todo junto, es muy fácil”, y al escucharme decir de simplezas vi dentro de la mía a la firma de mi madre o a la inversa, es lo mismo. CG escribía ella, así, muy simple, y yo se la falsificaba desde la época del Champa. Recuerdo que no la dejaba firmarme nada en el cuaderno del colegio “no, no; si vos firmás van a darse cuenta de que es distinta”.  Su firma ya era mía.
Es mi tiempo de pequeñas letras, falseadas y originales, no hay distancia; entre su trazo y el mío vuela siempre hacía mí con este efecto de poesía. 

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