El caso 41. Don Aguila

SANTA ROSA 13 de agosto de 2020 Por Diario Tres
HISTORIAS y CUENTOS
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por Carola Ferraricaro

 
El caso 41, Don Águila, es el caso de Santiago, que parece que el señor era muy dicharachero, de buen ritmo y gran oído, de sí fácil, de esos que jamás fallutean, parece que siempre andaba dispuesto, segundando, danzando. 
Y que encima, y para colmo, compraba en la carnicería del Hijo del Rey, la carnicería más “top” del norte argentino, la carnicería “kilómetro cero”, esa que le pone música clásica a sus sacrificades, solo para que las mandíbulas de destino no se tensen ni acaso. 

Cuentan los santiagueños que en la vereda del Hijo del Rey se arma fila de unas ochenta personas, aunque la misma es solo de una cuadra y no cuadra y media como exige la distancia social; y ahí comienzan las sospechas, porque no dan los número, en el mundo no dan las cuentas. 

Y cuentan, además, que en esas colas salvajes los rebeldes, los atrevidos y libertarios, aprovechan para tirarse los virus de una boca a la otra, o de una oreja a un ojo, ya ni sabemos por dónde nos entra el bicho, a cada quien le entrará por el lado flaco. 

Aunque el dicho afirma que se corta, no que entra, por lo más flaco, que es lo mismo, porque si el bicho te entra se te corta todo. 

Don Águila, el caso 41 de Santiago, el alma de las fiestas, el invitado infaltable, la figurita repetida, el primero que llega, el último que se va; y al Don parece que lo meten preso por fiestero, porque anduvo de charleta, no sólo en la carnicería del Hijo del Rey porque encima allí dicen que hasta se adelantó como cinco lugares solo para chamullar con la Victoria, que se separó hace unos meses y  todos le tienen ganas. 
Y la bronca empezó por eso, porque el caso 41 se animó demasiado. Don Águila pasó a ser una especie de ave Fénix pero en versión oscura y tenebrosa, producto de la maquinaria capitalista, que con enormes alas y pico puntiagudo sacó de entre las plumas una metralla viral y se volvió el escarnio de Santiago, peor que un femicida, peor que un violador serial, peor que un cura pedófilo. Don Águila no tiene sangre en sus manos ni en su pene, pero sí tiene virus en su aliento y por eso hoy marcha preso.  

Diario Tres

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