Crónicas de la post – pandemia (3)

SANTA ROSA 22 de julio de 2020 Por Diario Tres
GRAN ANGULAR
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por Valdir Peyceré

La pelotita de golf

Es curioso encontrar una pelotita de golf en la intersección de la calle Mellizas Ócio y la entrada a la ruta provincial Nº 5. Levantarla, darle una lavada y dejarla como nueva. ¿Para qué? Es una buena pregunta, aunque la principal sigue siendo la siguiente; ¿cómo llegó allí una pelotita de golf?. De hecho, hace solo algunos días pasó un tractor por El Mirador, por la calle al lado de la ruta y revolvió todo. Probablemente deben haber muchas otras rarezas que yo no vi por los alrededores. Es probable que hace tiempo alguien practicó golf con muchas ganas de jugarlo y realizó tiros desde algún jardín próximo y la pelota voló con un destino incierto. Nunca se intentó ir atrás de ella y el tiempo pasó y las lluvias, los vientos, los chicos, algún perro… pero igual el misterio sigue y solo sirve ahora para decorar mi biblioteca. Recuerdo dos crónicas de Sam Shepard;  una de un muchacho que revendía pelotas de golf que encontraba en las afueras de un circuito preparado para este deporte…  lagos artificiales, dunas, extensiones de hojas de robles o eucaliptus, pastizales y más campo… Las limpiaba y vendía algunas veces a los mismos individuos que las habían perdido (lo reconocía por una mezcla de zozobra avergonzada en sus rostros), a un precio más barato que una bola nueva, se entiende. También  otro cuento en el que el padre de Shepard y él mismo niño  (así parece ya que las Crónicas de Motel son escritas en primera persona la más de las veces, como flashes de memoria) se encuentran con un ave acuática en un estacionamiento. Nunca consiguieron descubrir como esa ave muerta hace poco tiempo pudo “perderse” o confundirse y creer que era un lago lo que en realidad era un estacionamiento de un supermercado.

 

¿Quién está en peligro de extinción?

Dos especies sin ningún contacto entre sí disputan la delantera trágica de ir mermando en número en nuestra, cada vez más amenazada existencia en el planeta Tierra: Los gorriones y las abejas. Ya leí, reiteradamente sobre el peligro de que las abejas desaparezcan; parece que todo el fino equilibrio relacionado a su existencia está, de alguna forma,  ligada a la nuestra. El Instituto Earthwatch afirmó que las abejas son el ser vivo más importante del Planeta. La declaración llegó en un momento crucial, pues muchos científicos han anunciado su inminente desaparición.

Hace 20 años un grupo de agricultores franceses advirtió sobre el despoblamiento abrupto de sus colmenas. Las abejas de todos los países de América, Asia, África y Europa han desaparecido hasta en un 90%, y las razones son diversas y complejas para cada zona: deforestación, uso indiscriminado de pesticidas, cambios de uso de suelo, pérdida de sitios de anidación y recursos florales. Leo esto en una revista virtual colombiana (“Semana Sostenible”)… que indica que han desaparecido en los últimos años 15 a 30.000 colmenas con cerca de 7 millones de abejas!!! Una de las cosas que dañan su existencia es el famoso glifosato.  Las abejas son cruciales para la alimentación humana. Sin ellas, no habría vida en la Tierra. De cada 100 productos alimenticios, 70 dependen de su función de polinizadora. El artículo sigue un poco más, con estadísticas y un intento por concientizar a los lectores. 

La segunda especie son los gorriones; de los que ya escribí algo en un “lejano” Gran Angular por el año 2014/15 … en aquella oportunidad me interesaba como una especie vinculada con el hombre a sabiendas de que en la antigua Roma se lo tenía como mini-mascota, una “mascota” que con el tiempo comenzó a ser esquiva e nuestra especie. En un poema de Catulo (Cayo Valerio Catulo, S. I AC)  él escribe:  “(…) Llorad Venus y Cupidos y cuantos hombres seáis sensibles a la belleza. Ha muerto el gorrión de mi amada, a quien ella quería más que a las niñas de sus ojos. (…).  El poema es algo más largo; pero en este fragmento pienso que condensa una relación con esta ave que en parte se perdió. Lo que hacemos hoy es mirarlos; a veces con algún desdén, ya que el gorrión es uno de los pájaros más comunes que existen. El passer domesticus (el nombre que en latín lo dice todo), sin embargo está mermando su población en las grandes ciudades. Los tóxicos, el anhídrido carbónico, el “smog” ambiente, son algunos de los responsables. Cerca del 60% de su población original (hasta mediados del pasado siglo) ha desaparecido. También el gorrión (leo en una nota de un diario virtual español) al tener una estrecha relación con el hombre (o la mujer, claro, como especie!) muestra hasta qué punto venimos degradando al planeta. En fin, en lo personal este pájaro me gusta. Recuerdo su presencia constante en cuanto lugar iba en mi niñez y adolescencia en Buenos Aires… recuerdo el comentario de que su gran población bulliciosa se debía a Domingo Faustino Sarmiento, que los habría importado para imitar a las capitales de Europa (preferencialmente a París) y los recuerdo justamente en París, en el bar del Musée Rodin, llegar a frecuentar las mesas de los feligreses y casi comer los mismos croissant que ellos! Pero también han sido fuente de inspiración para mi poesía (principalmente mis haikus) y fue uno de ellos lo que casi originó esta crónica y pongo aquí en este Gran Angular  a dos de estos haikus para cerrar la nota con la esperanza de que por estas bandas, lejanas de las grandes ciudades, sigan siendo numerosos:

Traviesos gorriones;

vienen a beber el agua,

de mis perros…

Ni da para contar;

tantos gorriones comiendo,

después de la lluvia!

 

 

 

Diario Tres

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