Manuel Belgrano y el gusto por la Historia

SANTA ROSA 01 de junio de 2020 Por Diario Tres
GRAN ANGULAR por Valdir Peyceré
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Desde muy chico la historia fue algo que me interesó. Recuerdo que en el colegio era mi materia favorita y que los profesores que la daban estaban entre los que escuchaba con más detenimiento y entusiasmo. Como todo lo que tiene que ver con la educación y la didáctica, claro que lo fundamental es quién la daba, quién era el profe de historia… que, después de los primeros años del colegio nacional (bachillerato), me parece que la daba un tal de Vico (su apellido) que los muchachos del Colegio  Nacional “Nicolás Avellaneda”,  llamaban  ingeniosamente  de “Ludovico”. Era bueno. Hacía que te interesaras por la materia. Conseguía, también, algo fundamental para su estudio: que se piense.

Y de las muchas cosas que decía y no sé si necesariamente estaba siempre de acuerdo con él, una vez una de esas cosas coincidiría con lo que Felipe Pigna comentó  alguna vez; que muchos de los personajes históricos que tienen sus monumentos y estatuas en parques, plazas y pasajes, no los merecen. Otra cosa que hasta ahora recuerdo fue cuando se refirió a la Guerra Civil de los EEUU (la Guerra de Secesión entre el Norte y el Sur)  y que los del Sur, de ganar, hubieran transformado a este país en una nación de “vacas gordas” y no la industrial y tecnológica que es hoy. Quién sabe si hubiera sido así, pero, por lo menos, me gustaba ese profesor “que se la jugaba” con puntos de vista distintos a los del establishment.  

Antes teníamos a una profesora… no me acuerdo mucho de ella,  pero sí, de la realización de una extensa monografía sobre la llamada “Conquista del Desierto” y que éramos grupos de tres compañeros. Nuestro grupo  había elegido los comienzos de esa mal denominada “Conquista…”  que, como todos sabemos, acabó siendo una masacre. Mis amigos estudiaban todo lo concerniente a los pueblos originarios que pululaban con sus malones alrededor de las poblaciones bonaerenses, del sur de Santa Fé, Córdoba y La Pampa  como los  ranqueles, tehuelches, querandíes y otros. Yo me centré (no sé bien porqué) en bucear en la figura de Adolfo Alsina y su zanja (la inusual “ zanja y muralla”  que serviría como límite entre la “civilización” y la “barbarie”, concebida por los blancos).

Mucho material de investigación histórica después, me parece que fuimos felicitados y obtuvimos una buena nota por aquello. De hecho otra buena iniciativa didáctica: la investigación histórica. Empecé por “lo bueno”; los momentos que acrecentaron en mi conocimiento de la Historia. Pero los “malos”, tal vez sean muchos más. Esa historia cristalizada y endiosada que estudiamos en la escuela y en parte de la enseñanza secundaria, es sin duda la que quiere la “historia oficial” , aquella narrada por los vencedores. Aquella narrada por los dueños del país; la historia de Vicente Fidel López, Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento, etc. Esa historia hace tiempo y por suerte viene siendo revisada. El famoso “revisionismo histórico”  que comienza a pensar a las figuras históricas desde otra perspectiva  y sacarlas de sus monumentos de bronce y piedra y transformarlos en lo que eran: personas de carne y hueso  llenas de falencias y llenas de aciertos que estarían encuadrados en reivindicar a figuras como Mariano Moreno, Manuel Dorrego, el Chacho Peñaloza y al polémico Juan Manuel de Rosas. También a sacarle el polvo de su santuario en el que la historia mitrista puso a José de San Martín y al propio Manuel Belgrano.

El enfrentamiento constante de estos dos enormes patriotas con el gobierno de Buenos Aires y su nombre más sonoro, Bernardino Rivadavia,  fue prácticamente ocultado por la enseñanza de nuestros primeros, segundos y  terceros años de estudio… Esa misma historia “oficial” favorece ver a la figura de San Martín como la del “Santo de la Espada” y a Belgrano casi como un intachable ciudadano que de la noche a la mañana se propuso crear la bandera, hacerse general y subir con un grupo de soldados hacia el norte para contener a las hordas godas. Esa misma historia nada o muy poco nos dice del encono constante que tuvo que soportar el último con la cobardía y arrogancia de los gobernantes porteños en lo que se refiere a la creación de la divisa celeste y blanca. La versión de que los colores patrios fueron inspirados por el azul celeste del cielo ya es una teoría bastante difusa.

Hay más posibilidad de que fueran inspirados por los mantos de la Vírgenes de Luján, Itatí y Caacupé, de las cuales el prócer era devoto y lo que hoy es bastante polémico pero que tiene su paralelismo con la creación de la escarapela un par de años antes: que los colores eran ligados a la Casa de Borbón ya que la idea inicial de la Revolución de Mayo era romper vínculos con el Virrey Cisneros pero no con el Rey de España, en ese momento con la península ibérica  bajo el poder invasor de Napoleón Bonaparte. Sea como fuere, esa sería la divisa que Belgrano hizo tremolar en las Barrancas del Paraná y que iría desplegar recién con la autorización del Gobierno central en la batalla de Salta, el 20 de febrero de 1813 pero que lo haría “clandestinamente” en la fundamental batalla de Tucumán el 24 de septiembre de 1812. Todos estos son datos históricos corroborables aunque tienen su dosis de polémica, ya que es esa misma polémica e incertidumbre  la que hace de esta materia algo tan interesante.  De cualquier forma todo esto no hace más que demostrar que el gusto por la pesquisa e investigación histórica no es solo enseñado. Por mas buenos profesores de historia que hayamos tenido en nuestros años de formación, si no nos interesamos en escudriñar en sus vericuetos por nosotros mismos, no hay nada que se pueda hacer para que sepamos más y para que podamos contra restar la historia verdadera, la de los héroes de carne y hueso a los almidonados de los libros y manuales de historia escolares. De esos mitos escolares, Felipe Pigna se ha encargado de sacar a translucir la otra historia en “Los Mitos de la Historia Argentina”; pero antes de Pigna hubieron gran cantidad de historiadores y polemistas argentinos que lo presidieron en mérito como José María Rosa, Arturo Jauretche, Fermín Chávez, Juan José Hernández Arregui, Rodolfo Puiggrós y José Abelardo Ramos, entre otros. Todos ellos caratulados dentro de lo que se dio en llamar el “Revisionismo Histórico”.

Sobre Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano (1770/1820) del que se cumplen ahora el 03/06, 250 y el 20/06, 200 años de su nacimiento y muerte respectivamente; ¿qué se puede decir?. El patriota más digno, más limpio, más desinteresado, más noble que dio nuestra Historia. Que lo dejó todo y murió en la extrema pobreza padeciendo una enfermedad que lo venía aquejando hacia meses. Su monumento con los despojos fúnebres se encuentra en el patio del  Convento de Santo Domingo en Buenos Aires. Al que fuera vocal de la Primera Junta (1810/11), Jefe del Regimiento de Patricios (1811/14) y General en Jefe del Ejército del Norte (1812/19), abogado, pensador y decidido patriota de la facción más revolucionaria de la gesta de Mayo junto a Juan José Castelli y Mariano Moreno, le fue “asignado”  ese digno pero algo modesto sepulcro. De cualquier forma su legado está muy lejos de las cosas materiales,  está en quien quería la cultura y educación para su pueblo, confrontado a la máxima de que la ignorancia hace fuerte al soberano.  Esa ignorancia que infelizmente aun sigue vigente. Está en nosotros como ciudadanos  levantar sus banderas  y seguir en la ruta para crear la Patria libre y justa que él, y los revolucionarios de Mayo, querían. 

 

 

Diario Tres

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