Revolución a como dé lugar

SANTA ROSA 22 de mayo de 2020 Por Diario Tres
COLUMNA
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POR FRANCO SARACHINIfrancos sarachin

 La historia argentina es probablemente una de las materias más intrincadas pero igualmente apasionantes que existen. Plagada de traiciones, conquistas, revoluciones, alianzas, derrotas y victorias, resulta, como la historia de cualquier nación, imprescindible conocerla y entenderla para saber dónde se está parado hoy en día. 

Actualmente se atraviesa una de esas semanas que fueron decisivas en los destinos de una tierra que por entonces pertenecía a una porción de territorio más amplio, denominado Virreinato del Río de la Plata. En él estaban comprendidos los países que a la fecha conocemos como Argentina, Bolivia, Uruguay, Paraguay, parte de Brasil y el norte de Chile. 

Pero para encaminarse a esta seguidilla de días que se conoce como La Semana de Mayo, primero hay que remontarse un poco más atrás en el tiempo y comprender lo que había pasado algunos años antes. Las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807, sin pretenderlo, habían gestado un primer espíritu de unidad y patriotismo, dando como resultado una mirada revolucionaria que se hacía posible por primera vez desde la conquista de América. 

Así, en junio de 1806, la primera tropa británica conformada por unos 1600 soldados a bordo de 12 buques, desembarcaba en las costas de Quilmes, Buenos Aires. El Virreinato del Río de la Plata llevaba más de 30 años de existencia, y esta parte del continente, unos 300 bajo los pies de una España que se había expandido como nunca antes. Por ese entonces las milicias locales estaban destinadas a la defensa de la frontera contra el indio, y nunca se imaginaron la llegada de invasores de otro imperio. 

Al llegar, y después de tomar posesión de la ciudad, una de las primeras cosas que los ingleses hicieron fue obligar a jurar fidelidad a la población hacia Gran Bretaña. Y fue esa acción cargada de un valor simbólico impresionante la que generó la primera negativa en estas tierras. Manuel Belgrano, quien era secretario del consulado, fue el único que se negó a jurar. 

Ante el avance de las tropas, el Virrey Rafael de Sobremonte (quien estaba a cargo) intentó huir a Córdoba con los fondos públicos (que iban a ser enviados a España) cuando fue interceptado por los ingleses que se quedaron finalmente con el botín. 

Pero la conquista duró algunas semanas, hasta el momento en que apareció Liniers junto a 4 mil hombres, dando punto final a la Primera Invasión Inglesa. 

La segunda no tardaría en llegar exactamente un año después, cuando las tropas recargadas arribaron dispuestas a quedarse con la colonia española. Desembarcaron con artillería pesada y 12 mil soldados que avanzaron hasta el centro de Buenos Aires, donde un pueblo convertido en verdaderos milicianos los esperaba con agua hirviendo, piedras, palos y todo lo que sirviera para defenderse. A ellos se sumaban 8600 hombres enlistados para dar batalla, donde se destacaron Manuel Belgrano, Domingo French, Antonio Beruti y Cornelio Saavedra, entre otros. 

La hazaña, digna de una película hollywoodense donde el pueblo se levanta para destruir a un enemigo común, tendría más consecuencias que las imaginadas, generando que ese  virreinato alejado del mundo, se incorpore al conflicto internacional entre Francia e Inglaterra. La derrota de los británicos produjo además la creación de milicias populares, quedando expuesta la fragilidad de las autoridades locales y cambiando la mirada para siempre. Podría decirse que comienza a gestarse entonces la famosa Revolución de Mayo que tendría su punto más álgido con la Declaración de la Independencia, casi una década después. 

Pero la historia local no se puede entender en plenitud si se desconoce lo que pasaba en el mundo. En este caso puntual, en Europa, donde la guerra había sido casi constante entre 1792 y 1815. No se hablaba de otra cosa que del apogeo de la figura política-militar más importante del siglo XIX, el general Napoleón Bonaparte, y las invasiones que provocaba a su paso. Y dentro de las mismas, la de España, que inició en 1808 y se fue profundizando cada vez más. 

A modo de resistencia, las fuerzas españolas formaron milicias que respondían a la Junta de Sevilla, organización que pasó a gobernar todos los virreinatos españoles momentáneamente, dentro de los cuales se encontraba el del Río de la Plata.  

Mientras, en un lugar recóndito al otro lado del océano, y ocultos en la oscuridad de la noche, unos sujetos llamados Juan José Paso, Juan José Castelli, Nicolás Rodríguez Peña, Manuel Belgrano, y Cornelio Saavedra, discutían acaloradamente en torno a reemplazar al virrey por una junta elegida por el Cabildo o por un gobierno popular votado por el pueblo. Fue en una de esas madrugadas de debate en la jabonería de Vieytes cuando arribó la noticia a Buenos Aires de la caída de la Junta de Sevilla.

Se dio inicio entonces a esa semana decisiva que se mencionaba al comienzo, y que tuvo como punto de partida la toma de conocimiento del golpe ejecutado por Napoleón Bonaparte. Casi de manera inmediata, los revolucionarios le encomendaron a Castelli y Rodríguez Peña que se entrevistaran con el Virrey Cisneros para exigirle un Cabildo Abierto. 

Entre idas y vueltas, los ánimos se habían caldeado, y la noche del 20 de mayo, un grupo armado arribó al domicilio de la autoridad, no dejándole más remedio que acceder a la convocatoria.

“El domingo 20 el virrey Cisneros reunió a los jefes militares y les pidió su apoyo ante una posible rebelión, pero todos se rehusaron a brindárselo. Por la noche, Castelli y Martín Rodríguez insistieron ante el virrey con el pedido de cabildo abierto. El virrey dijo que era una insolencia y un atrevimiento y quiso improvisar un discurso pero Rodríguez le advirtió que tenía cinco minutos para decidir. Cisneros le contestó ya que el pueblo no me quiere y el ejército me abandona, hagan ustedes lo que quieran y convocó al Cabildo para el día 22 de Mayo”, detalla Felipe Pigna en su sitio web, El Historiador.

Durante esa jornada se dio una de las discusiones más apasionantes entre los que estaban a favor y los que se manifestaban en contra de deponer al Virrey Cisneros. Aunque para el final del día, y cuando llegó por fin la hora de votar, la gran mayoría aprobó la destitución del mismo. Restaba ahora saber bajo qué modalidad sería reemplazado. 

El miércoles 23, cuando se contaron los votos para proceder, se dio una llamativa maniobra oscura donde justamente el destituido quedaba al frente de la junta que tendría el mando desde entonces, lo que enfureció a los revolucionarios. Castelli y Saavedra pidieron un nuevo Cabildo Abierto que fue celebrado el 25 de mayo. 

Mucho se ha construido míticamente en base a ese día clave. Quienes más han estudiado de historia nacional dicen que estaba lluvioso, y que unas 600 personas esperaban afuera del edificio. Esos números que no parecen multitudinarios, equivalen a unas 250 mil personas si se toma en cuenta la población de Buenos Aires, que en ese momento era de unas 40 mil personas. Dicen también que hacía frío.

Al frente de un gran grupo denominado La Legión Infernal estaban French y Beruti, que hacían mucho más que repartir distintivos como los ha minimizado la historia oficial. Eran verdaderos revolucionarios que estaban armados y dispuestos a instaurar al Primer Gobierno Patrio por la fuerza, si eso fuese necesario. Es que la tradición malinche de muchos y el conservadurismo extremo de otros habían generado más odio que adhesión, y el sueño de la libertad se defendería a como dé lugar.

Y como la cosa se demoraba, Beruti no pudo más e irrumpió en el reciento. “Señores del Cabildo: esto ya pasa de juguete; no estamos en circunstancias de que ustedes se burlen de nosotros con sandeces. Si hasta ahora hemos procedido con prudencia, ha sido para evitar desastres y efusión de sangre. El pueblo, en cuyo nombre hablamos, está armado en los cuarteles y una gran parte del vecindario espera en otras partes la voz para venir aquí. ¿Quieren ustedes verlo? Toque la campana y si es que no tiene badajo, nosotros tocaremos generala y verán ustedes la cara de ese pueblo, cuya presencia echan de menos. ¡Sí o no! Pronto, señores decirlo ahora mismo, porque no estamos dispuestos a sufrir demoras y engaños; pero, si volvemos con las armas en la mano, no responderemos de nada”, esgrima El Historiador.

Lo cierto es que instantes después, el anunció llegó, proclamando al Primer Gobierno Patrio. Estaba encabezado por Cornelio Saavedra, militar nacido en Potosí (Bolivia), Jefe del Los Patricios y líder del sector conservador de la Junta. Le seguían como secretarios Mariano Moreno, un periodista y abogado, líder del sector más revolucionario del grupo, apoyado por Juan José Paso. Dentro de los vocales había más morenistas. Entre ellos estaban Manuel Belgrano y Juan José Castelli. También eran parte del equipo Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti, Juan Larrea y Domingo Matheu. 

A pesar de que se había jurado fidelidad al rey Fernando VII, todo era parte de una estrategia que costaría aún muchas guerras, muertes y sufrimientos hasta llegar a 1816, cuando la Independencia fue firmada. Y es que esa misma noche del 25 de mayo, Cisneros le mandó una carta a Liniers que estaba en Córdoba, desde donde se creó el primer foco contrarrevolucionario. La idea era “arrasar a Buenos Aires a sangre y fuego”. 

Esa sería nada más que la primera de las tantas ofensivas que deberían atravesar los revolucionarios para garantizar la liberación que los tenía oprimidos a la corona española, para recién y de una vez por todas gritar “Libertad, Libertad, Libertad”.   

Diario Tres

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