Trump, Bolsonaro y el virus de la ultraderecha

SANTA ROSA 23 de abril de 2020 Por Diario Tres
GRAN ANGULAR
valdir

por Valdír Peyceré   valdir cara

 

Mis amigos brasileños en el face son decididamente anti – Bozo, como se lo llama no cariñosamente al capitán – presidente del Brasil… todo el tiempo suben videos, memes, frases, consignas,  que no hacen más que confirmar la enorme vergüenza que significa para ellos y para cualquier brasilero o brasilera pensante que un energúmeno de tamaña grandeza se haya apoderado de la primera magistratura del país hermano. Este gigante que, como dice su himno, parece seguir “durmiendo eternamente en una cuna espléndida” …

Pero, Jair Mesías Bolsonaro no llegó al poder por un acaso, tuvo el apoyo y lo peor, el voto, de una mayoría que consiguió explotar una disconformidad con las políticas seguidas por el PT de Dilma Rouseff y Luis Ignacio Lula da Silva. Políticas, que con todos sus errores y corrupciones de algunos funcionarios, estaban al servicio de las grandes mayorías y que habían contribuido a sacar a una enorme cantidad de su población de la extrema pobreza. Las derechas en todas sus variantes se unieron para destruir las instituciones democráticas en el golpe blanco contra Dilma, en un impeachment  lleno de irregularidades. A comenzar porque ninguno de los cargos imputados a la presidenta constitucional fueron comprobados.  Allí, en el lejano final de 2015 y el 31 de agosto de 2016 comienza la debacle del estado de derecho en el país que tiene al Crucero del Sur en su bandera. Estrictamente técnico y poco comentado por los medios, esa “mayoría” que catapultó a Bozo al poder en realidad no fue tal, ya que de los empadronados para votar solo lo hicieron 2/3, y en esa desazón electoral, en esa descreencia en la política también se encuentra uno de los motivos de ese triunfo de la ultra derecha en Brasil. La “mayoría” se obtuvo de los que votaron. El segmento restante, ese tercio que falta, simplemente no fue a votar o anuló su voto, otorgándole al candidato de las derechas la capacidad de llegar al Palacio del Planalto. Diferente hubiera sido el resultado con Lula libre y candidato ya que todas las encuestas de intención de voto lo daban como franco favorito. Por eso se lo proscribió y colocó en prisión bajo cargos que, al igual que con Dilma  Rouseff, nunca fueron probados. Y así fueron los resultados electorales; a excepción del nordeste y parte del norte con Maranhao y Bahía a la cabeza; el resto de los estados votaron mayoritariamente en esta derecha revitalizada. Justamente la mayoría de los estados más ricos y fuertes (económicamente hablando) del Sur y Sureste. La pregunta que nos hacemos es; ¿qué lleva a votar en algo tan espurio y  mediocre como el capitán – presidente?

La mentalidad pequeña, formada en una red reaccionaria de las iglesias evangélicas, un falso nacionalismo vulgar (generalmente acicalado en un sentimiento de inferioridad y necesidad de autoafirmación del brasilero medio), la ignorancia de grandes estratos de la población que se dejan influenciar por los medios hegemónicos.  También el pensamiento fácil de que el otro, el “desconocido”, el “sospechoso”, el que no defiende “nuestros colores”  como en un partido de fútbol,  es nuestro contrincante y nuestro enemigo.  Todo ese arsenal del  no – pensar aliado a lo que la TV basura que viene digitalizada desde el Norte le muestra a una mayoría cegada por su ignorancia es lo que hizo mella en esos electores de este enorme disparate que es tener a un presidente que se llame Bolsonaro. Para colmo de males  ahora tenemos el coronavirus. Bolsonaro no ha sabido, y, lo peor, no ha querido, dar una respuesta adecuada a la pandemia del Covid 19. Como todo derechista y capitalista a ultranza,  ha despreciado al virus y sus consecuencias, a despreciado, en definitiva, la salud de su pueblo. Como buen derechista y capitalista a ultranza lo que le interesan son los números, la renta que puede venir de los negocios y los números que una buena “performance” económica le traería frente a las próximas elecciones. El pueblo, la gente y su salud, no interesan. El neo liberalismo es así. Lo fue así con Macri en Argentina y lo es con Bozo en la República Federativa del Brasil. Las consecuencias de ese desprecio están ahí: sin una política sanitaria apropiada; habiendo echado a su Ministro de Salud por ser alguien propenso a la cuarentena, desafiando todos los protocolos aconsejados por la OMS (Organización Mundial de la Salud); las cifras del Covid 19 muestran un crecimiento exponencial: el 18/03 Brasil registraba los primeros dos muertos y hoy; un mes y dos días después (20/04) la cifra es de 2.575 fallecidos y 40.581 infectados…  no soy matemático, pero es evidente que esa multiplicación casi diaria que nuestro gobierno viene evitando,  ha ido en un incremento substancial y cotidiano. Trágico. Me detengo aquí, porque creo ya haber dicho casi todo lo más importante sobre el desgobierno de nuestro vecino de proporciones continentales.   

El otro es Trump. EEUU padece el otro oprobio más grande que cualquier país pueda tener. Esa especie de enorme masa de nada misma que es el cavernícola sentado en la Casa Blanca. A esta altura EEUU lidera  por lejos todo lo que tiene que ver con las cifras infaustas del Covid 19: 766.664 infectados y 40.931 muertos (bastante próximo de las bajas que los Estados Unidos tuvieron en la Guerra de Vietnam que duró casi 20 años). Pero dejemos que un periodista norteamericano, Roger Cohen del New York Times, nos ilustre con esta impresionante crónica:

 “Esta es la primavera silenciosa. El planeta se ha vuelto silencioso, tan silencioso que casi es posible escucharlo girando alrededor del sol, sentir su pequeñez y, por una vez, imaginar la soledad y la fugacidad de estar vivo.

Esta es la primavera de los miedos. Una leve irritación en la garganta, un estornudo, y la mente se acelera. Veo una rata solitaria deambulando por Front Street de Brooklyn, una bolsa de basura abierta por un perro, y me recorre un vértigo apocalíptico de miseria y suciedad. Peatones enmascarados dispersos en calles vacías parecen sobrevivientes de una bomba de neutrones. Un patógeno del tamaño de una milésima parte de un pelo humano ha suspendido la civilización y ha desatado la imaginación… (…)

“En un año electoral es intolerable presenciar la mezcla de incompetencia total, el egoísmo devorador y la inquietante inhumanidad con la que el presidente Trump respondió a la pandemia, y es difícil no temer alguna forma de corona-golpe. El pánico y la desorientación son precisamente los elementos sobre los que prosperan los aspirantes a dictadores. El peligro de una sacudida autocrática estadounidense en 2020 es tan grande como el del virus.

Este es el mundo de Trump hoy: inconsistente, incoherente, poco científico, nacionalista. Ni una palabra de compasión por el aliado italiano afectado. Ni una palabra de simple decencia, solo mezquindad, pequeñez, fanfarronería… el fóbico a los gérmenes propagó el germen de la mentira”.

¿Qué más agregar? La narración de la miseria humana se llaman Trump y Bolsonaro. De este me olvidé de comentar que en una de sus últimas apariciones públicas pidió ante una buena cantidad de simpatizantes (sí, porque, a pesar de todo, los tiene!), la disolución del Congreso y la intervención de los militares en el poder. Es la perspectiva de quien se alimenta de ese otro virus que se llama ultraderecha. Nada más.

 

 

 

 

 

Diario Tres

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