Una mirada feminista desde Calamuchita (Tercera parte)

SANTA ROSA 25 de marzo de 2020 Por Franco Sarachini
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Mientras comenzaba a esbozar los primeros lineamientos de esta última entrega, una noticia impactaba mis sentidos. Y es que en medio del aislamiento social, la cuarentena obligatoria y la información centrada casi en su totalidad en el desarrollo del coronavirus a nivel internacional, no sólo se ha puesto en jaque la economía y la imperiosa necesidad de concientizar a quienes no entienden la gravedad del panorama, sino que pareciese como si el resto de las cuestiones hubiesen dejado de existir.

La noticia hablaba de la necesidad de incrementar líneas telefónicas atendidas por profesionales al número gratuito con el que cuenta el Ministerio de la Mujer de Córdoba, debido al fuerte incremento de denuncias por violencia intrafamiliar donde, obviamente, las mujeres se llevan la peor parte. 

Y es que sí…aunque estemos en cuarentena, las prácticas sociales de violencia hacia las mujeres no ha cesado ni disminuido. Sino por el contrario, han aumentado. 

Sobre el rol del Estado también nos han hablado mujeres de la política regional, que hacen un pantallazo general de la situación actual. 

Wilma Oviedo, legisladora electa suplente, asegura que viven en una sociedad patriarcal “y eso hace también que la lucha para nosotras sea el doble. Pero creo que las mujeres nos tenemos que animar. Las que estamos en política, las que son empresarias, las que son trabajadoras, las que son emprendedoras”.

Opina que cada mujer tiene seguramente algo que la distingue, sin desmerecer las cualidades de los hombres. “Hoy las mujeres tenemos otras posibilidades gracias a la lucha de aquellas operarias, de aquellas trabajadoras que mueren justamente un 8 de marzo en defensa de los derechos de la mujer. Hablar como mujer desde mi lugar de peronista, mi lugar de ser una profunda admiradora de Eva Perón, es hablar de valores, es hablar de principios de compromisos, de saber que hay una Calamuchita que espera por nosotras, las mujeres, y que tengo fe en este año, en este siglo que el Gobernador lo declara el siglo de la mujer, realmente será así”.

Cree que a Calamuchita le falta mucho en esta materia, pero tiene la esperanza de que se va a lograr en el próximo tiempo. “Que se han hecho cosas, sí. La verdad que se han hecho muchas cosas. Pero que faltan muchas, también. Falta que a las mujeres realmente nos valoren”, apuntó.

Por su lado, quien también participó en el rol de legisladora suplente a nivel departamental en las pasadas elecciones es Liliana González. Ella habla de un concepto que se fue creando con el tiempo, y resulta interesante su planteo porque muchas mujeres deben haber luchado a lo largo de la historia sin definirse feministas, ya que la construcción a nivel global y la visualización de ello es más reciente. “Feminismo es derecho, cuidado, protección, contención. Claro, no es una definición de diccionario, sino una construcción muy personal. Considero que siempre estuvo cerca, solo que hoy puedo darle, digamos metafóricamente, nombre y apellido, FEMINISMO, a muchas acciones que me llevaron a transitar luchas de cuestiones laborales, de género y derechos humanos (…). Creo que también tiene que ver con la edad. Hoy las mujeres jóvenes pueden decir soy parte del feminismo con mayor certeza que yo a los 20, por más que incluía en mi vida acciones dentro de ese contexto. Y en ese sentido estamos en un momento en el que deberíamos darle una vuelta de rosca al tema y no temer a quedar enjauladas en un término”.

En cuanto al departamento y su mirada de Calamuchita, aclara que no está ajena a la cuestión nacional pero siente determinada tibieza. “Todavía hay pequeños grupos que sólo discuten, reflexionan hacia su interior. Considero también que no es fácil, porque como en muchas cuestiones, estamos de un lado o del otro. Y las luchas que en el tiempo se dieron para el feminismo trascienden a ese punto. Si nos quedamos solamente en colores de pañuelos, no hemos aprendido los derechos que como seres humanos hemos adquirido”.

Algo que siempre está en el tapete es qué lugar debe adquirir el hombre en todo esto, dado que es parte de la sociedad y el responsable de la violencia contra las mujeres, en todas sus formas, no solo en la física, sino también en la económica, la psicológica, entre otras. “Particularmente siento que en estas cuestiones del feminismo el otro protagonista es el hombre, que tiene que acompañar. Y así como muchos toman decisiones desacertadas, muchos construyen espacio junto a las mujeres”, interpreta González. 

Por último, y retomando Calamuchita, describe: “Por ahí siento que sólo nos quedamos en destacar en algunos momentos a mujeres que hicieron algo en particular (…). Estamos a años luz de encontrar un punto de inflexión para hablar de cosas que hacen falta en este departamento tan grande, con ciudades y pueblos muy poblados que capitalizan todo, la información, los mecanismos de protección. Imaginate, una mujer víctima de violencia en un pequeño pueblo, es demasiado víctima, queda tan expuesta. El vecino se entera, no participa porque conoce al violento que también es vecino, y así una cadena. Es decir, no hay inclusión, no hay protección, no hay derecho igualitario”.

Ya concluyendo con las voces participantes en este mes de columnas sobre el feminismo calamuchitano, se sumó con su palabra la Comunicadora Social, Eugenia Ceballos. “Yo creo que a nivel regional el feminismo se da y los grupos feministas se dan con el mismo ímpetu que se da en todo el país y en todo el mundo, con esta perspectiva de poder seguir conquistando derechos. Creo que últimamente se está visibilizando mucho más y que una de las tareas más importantes que se da hacia adentro en los lugares chicos, es esta cuestión de visibilizar. Son sociedades muy pequeñas, en algunos casos muy cerradas…y es una tarea importante estar presente y decir acá estamos, reclamando como en todos lados para que poco a poco se pueda incorporar un poco más en el consciente colectivo y en la sociedad lo que significa esta lucha”.

La decisión de concluir esta columna y el ciclo en sí con la mirada de una comunicadora, es adrede. En las anteriores partes de este segmento que tuvo tres bloques (incluido éste), se dijo al pasar que los medios de comunicación también necesitaban ser revisados en la vorágine de todos estos cambios socioculturales que se están dando. Y es verdad. A veces a propósito (aunque son las menos) y muchas veces por desconocimiento, seguimos reproduciendo una y otra vez prácticas heteropatriarcales desde un posteo en redes sociales, un mensaje por radio o una noticia por televisión. Hace falta mayor capacitación y para ello debiera surgir de los que comunicamos el pedido de seminarios, cursos o material al que nos comprometamos a desglosar todos, todas y todes. 

Los tiempos apremian y las necesidades afloran. Quizás ya sea hora de que nos demos cuenta del grado de responsabilidad que implica ser un formador de opinión y comencemos a actuar en consecuencia. 

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