Diario desde la cuarentena

SANTA ROSA 17 de marzo de 2020 Por Vadir Peyceré
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por Valdir Peyceré

              “La Argentina de los vivos se terminó”

                                         Alberto Fernández (Presidente de la Nación)

Estamos a un paso de constituirnos en una sociedad distópica, una sociedad donde las palabras placer, disfrute, sensualidad, espontaneidad, enamoramiento, goce,  sean cada vez más difíciles de pronunciar,  y las simples caricias, abrazos y besos, casi imposibles. Y no me refiero a lo que se puede dar a nivel de una pareja hace tiempo constituida, sino de experiencias nuevas, de nuevos affaires o amistades… me hace acordar al largo poema de César Fernández Moreno, “Argentino hasta la muerte”; donde se lee: (…) y qué sobresalto si alguien nos sorprende y nos abraza en el subte! (…). Esto escrito por Fernández Moreno en la década de los 50’ tenía parangón con ese plus de espontaneidad y de improvisación afectiva que le hace faltan a buena parte de los argentinos y quien sabe un poco más a los porteños en la crítica mordaz del poeta. ¿Qué diría el hijo de Baldomero de esta nueva y sorprendente Argentina?;  ¿qué diría de esta nueva y deprimente especie humana? Sin duda vivimos una realidad con este virus pandémico que parece arrancada de las páginas de algún libro de J. P. Ballard, H.P. Lovecraft, W. Golding, Ray Bradbury, Italo Calvino, J. L. Borges o Julio Cortázar. La ciencia ficción se hizo realidad. Ayer por primera vez hice un programa de radio muñido de una botellita de alcohol para tratar de “descontaminar” todas las cosas…

La cancelación de los partidos de fútbol, los shows musicales, las manifestaciones políticas, las concentraciones por diversos motivos (aun cuando legítimas), muestran solo una cara de la realidad que vivimos. ¿Hasta dónde nosotros como sociedad no somos en parte culpables por este síndrome? Hay muchas preguntas para lanzar al aire y quizás pocas para responder. Un mundo en el que de alguna forma ya nos sentíamos solitarios, con todo esto solo tiende a agravarse.

Los “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez podrían volver a escribirse de una forma más siniestra y con nuevos protagonistas. Una tela plana, un celular última generación, un i phone, todo tipo de dispositivos móviles ¿de qué nos sirven, si no tenemos con quien comunicarnos?  ¿Si nuestro vecino es un potencial peligro? Casi como un film de “cine catástrofe” vivimos en una pequeña comunidad que parece exenta de cualquier contagio; aislada por las sierras, su singular geografía y magnífica naturaleza.  Una sociedad calamuchitana donde nos acabamos comunicando mejor con esos mismos elementos de la Naturaleza que con otro ser humano, que, aunque no parezca, también es otro elemento de la Naturaleza.

Acabo de escuchar al Presidente de la República y de hecho siento que parte de lo que escribí ahora (20: 49 hs de un domingo de los más raros que me tocó vivir) ya caducó. Igual lo dejo tal cual lo escribí, porque esta guerra contra el “enemigo invisible” como bien lo definió a este virus Alberto Fernández muta hora a hora… las cifras de Europa dan escalofríos y cambian constantemente (y para mal!), parece que estuviéramos sumergidos en un relato parecido al Eternauta.

Ahora habrá que tratar de salir airoso de este nuevo embate contra un obstáculo nuevo. Pena,  porque en el medio había que armar otra Argentina, una Argentina solidaria y unida contra tantas pandemias de los “rioplatenses piolas o vivos”.

La famosa grieta continúa, aun cuando la bandera de Belgrano siga ondeando llevada por unos y otros… en el bicentenario de la muerte del gran patriota tendremos que definir quien la merece izar y mirar a los ojos de su pueblo. Tendremos que ver y hacer muchas cosas. Cuando se acabe la cuarentena.

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