Caso Villa Gesel: "La discriminación, la clasificación social por la condición de pertenencia"

SANTA ROSA 28 de enero de 2020 Por Javier Costábile
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IMG-20200128-WA0046 Por Javier Costábile

Me encanta el rugby. Jugué ese deporte. Nunca me destaqué en él (en realidad no he sido un gran deportista), pero como siempre tuve sobrepeso en el rugby sentía que había un lugar para mí que no lo encontré en ninguna disciplina. Ahí jugaban los más gorditos de primera linea, los más petisos pero habilidosos de medios scrum, los más altos y toscos de segunda línea, los ligeros de wines, en fin, veía que había lugar para todos.

Siempre me enseñaron que es un deporte de respeto, de buen comportamiento, dónde no se discute al árbitro, dónde se aceptan las reglas. Un deporte brusco, de mucho roce físico pero leal. La deslealtad se sancionaba duro. Me tocó entrenar a un grupo de pibes en Río Tercero, todos adolescentes e intenté transmitir esos mismos valores deportivos que en realidad son valores de la vida. Mis hijos hicieron un paso en infantiles por el rugby también.

Pero dicho esto, siempre hubo en muchos clubes, sobre todo de las grandes urbes, dónde el rugby se lo considera exclusivo de ciertas clases sociales. Un deporte de las élites de la sociedad, de "chetos".
En esos lugares el rugby "no es para cualquiera" sino que es para un grupo selecto de personas que tienen acceso a él.
Sin embargo hay muchos otros clubes que consideran al rugby como un deporte que debe masificarse, llegar a todos lados, a los barrios más humildes, a las cárceles, a distintos pueblos originarios. Muchas veces en el interior del país no hay lugar para diferencias sociales, porque en las comunidades más pequeñas los pibes comparten la misma escuela, el mismo barrio y el mismo club.

Hay cierta estratificación social en muchos dirigentes y eso lo transmiten a sus jugadores.
Por lo tanto el rugby como muchas otras actividades sociales, culturales y deportivas sufre del mal que sufre la sociedad toda: la discriminación, la clasificación social por la condición de pertenencia: el barrio, la escuela, el lenguaje o la forma de expresarse, la vestimenta, y que desconsidera los talentos propios de cada persona si no pertenece a ese grupo. A esto se suma el exacerbado amor a lo superficial : los estereotipos físicos, de vestimenta, de vehículos, etc.

Eso no es solo del rugby.
Yo he escuchado en la cola del supermercado el "negro de mierda", o el clásico "hay que matarlos a todos" por ejemplo.
En la Ciudad de Buenos Aires, la capital federal, oí decir "a estos hay que tirarlos del otro lado de la General Paz" refiriéndose a un grupo de personas en situación de calle.
Lamentablemente se transmiten esos conceptos, esos lenguajes, en el rugby y en la vida.
Hoy un grupo de jóvenes, que deberían estar disfrutando de la vida, están ante una situación límite de su existencia:.se cargaron la vida de otro pibe. Podríamos decir de un semejante, pero como la cultura es algo que construimos los seres humanos, para su cultura "no era un semejante" era un "negro de mierda". Hoy cargamos contra estos jóvenes, que sabían bien lo que hacían cuando le pegaban patadas en la cabeza en el piso y eran conscientes que podrían matarlo, pero los adultos debemos también pensar qué le transmitimos a los chicos desde chicos.
En un mundo desigual pensar en una sociedad más equitativa con lugar para todxs puede sonar utópico, pero en lo personal es por lo que quiero luchar.

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