¿Y las oportunidades?

SANTA ROSA 14 de enero de 2020 Por
El desempleo y la juventud como principal afectada
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por Franco Sarachinifrancos sarachin

 

-Tener menos de 35 años

-Experiencia comprobable

-Disponibilidad horaria

-Que demuestre interés en su función

Estos cuatro requisitos cuentan para la gran mayoría de las ofertas laborales existentes. En otra palabras, que seas joven, que hayas tenido experiencia de al menos 5 años, que el empleador pueda decidir sobre tu tiempo (elemento más valioso del ser humano en el sistema capitalista) y que trabajes contento por lo que te pagan. 

Como dijimos, esos suelen ser los requisitos. Pero el ofrecimiento, por lo general, es un trabajo en negro, sin aportes jubilatorios, ni obra social, ni vacaciones pagas, ni siquiera la existencia del aguinaldo. La paga siempre por debajo del salario mínimo, vital y móvil, y el pedido de múltiples tareas que a veces tienen poco que ver con el puesto ofrecido. ¿Y así pretenden un futuro no solo para los jóvenes, sino para toda la población, que sea mejor económicamente hablando?

La respuesta pareciera ser que no. La precariedad es una constante, y la rotación de personas en puestos laborales, lejos de perjudicar a los empleadores, es beneficiosa dado que siguen ofreciendo el mismo monto (tal vez con un mínimo aumento a medida que pasa el tiempo), por exactamente las mismas tareas que le piden al que renunció. Pero todo esto que se sabe porque es lo que se respira a diario en la calle, está registrado también en números y estadísticas. 

En América Latina, el año pasado, se marcó el pico más alto de desempleo, en una clara baja del desarrollo económico y social que la región viene padeciendo. Fue expuesto por la Organización de Naciones Unidas (ONU) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que además advirtieron sobre la fuerte posibilidad de suba de estas malas condiciones. “Estamos viviendo un momento de alta complejidad en América Latina y el Caribe”, remarcó Christian Salazar, director regional de la Oficina de Coordinación para el Desarrollo de la ONU. 

Es que al concluir la década, el 50 % de la población regional que tiene un empleo, está en condiciones de informalidad (o como se dice habitualmente, en negro), lo cual equivale a 140 millones de personas. A modo de planteo, tanto estos organismos como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), insta a un trabajo mancomunado entre los líderes de esta parte del continente, buscando una pronta reducción de estas estadísticas que no hacen más que profundizar también la pobreza. 

Hay que “revitalizar la cooperación en un momento en el cual no se busca solo avanzar en el desarrollo sostenible, sino también evitar retrocesos”, expresó Salazar. Y agregó: “Necesitamos trabajar juntos y alinearnos mejor para hacer frente a temas de trabajo y economía, que no deben quedar fuera de la agenda para el desarrollo sostenible, tal como el empleo de los jóvenes, quienes enfrentan una desocupación tres veces mayor que los adultos, alta informalidad de 60%, y la dificultad de insertarse para un 20% que ni estudia ni trabaja”.

Dicha cuestión afecta de lleno a la Argentina, transformándose en el país con mayor desempleo juvenil de la región, según el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC). Así, y basándose en números que se desprenden también del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), dos de cada diez jóvenes están desempleados, duplicando a la población general en condiciones de trabajar. Pero esto no es nuevo, sino que viene ampliándose a partir del 2004, y profundizándose entre 2017 y 2019. 

Antes de continuar con el foco de la problemática de inserción laboral en la juventud, vale tener un panorama más amplio de la realidad actual argentina. Lo primero que hay que saber es que el desempleo a nivel nacional se ubica entre un 10 y un 11 por ciento, habiendo crecido en los últimos años. Asimismo, aumentaron considerablemente las personas que ya teniendo un trabajo, buscan otro para poder sostenerse económicamente en un día a día cada vez más difícil, con una alta inflación y el valor de la canasta básica y los servicios que atentan directamente contra el bolsillo. Con otras palabras, pero graficando la misma situación, lo describió el Ministerio de Trabajo y Producción el año pasado, remarcado que en el último año solamente el salario promedio había sido ampliamente aplastado por el aumento de precios. Sintetizando…el costo de vida es más alto que el sueldo.

Otros datos arrojados por la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC dice que uno de cada tres desocupados se pasó un año entero buscando trabajo, lo que evidencia la falta de puestos laborales. En tanto, Salta es la provincia con mayor informalidad, llegando al 50 % en condiciones laborales sin registro. Le siguen Tucumán y Santiago del Estero en un promedio del 48% y Jujuy, con un 31 por ciento. 

Dentro de las poblaciones con mayor tasa de desempleo se encuentran Mar del Plata con el 13,5 %, Córdoba con el 13,1 % y el Gran Buenos Aires con el 12,7 por ciento, lugar que comparte con Salta. Por su parte, San Juan es la provincia con mayor tasa de empleados que buscan un segundo trabajo para generar un ingreso extra. Uno de cada tres sanjuaninos que trabaja, busca otro empleo.

Ubicándose ahora sí en Córdoba, hay que decir que no solo tiene una de las mayores tasas de desempleo, sino que además lidera el ranking de disconformidad laboral. Lo del desempleo puede explicarse en parte por la crisis económica nacional y el impacto directo que ha tenido en las pymes, la construcción, el sector hotelero, gastronómico y comercial, entre otros ámbitos donde mayormente se han producido despidos. Lo de la insatisfacción laboral se explica en cambio con el costo de vida cada vez más elevado, mientras que los sueldos se mantienen prácticamente estáticos. Por eso, en Córdoba, el 43,8 por ciento de los laburantes está disconforme con su remuneración. 

De vivir para comer, cumplir con nuestras obligaciones tributarias, crecer económicamente, irnos de vacaciones, y proyectar a futuro en un marco de estabilidad que medianamente nos permitía poder hacer planes, hemos pasado a un torbellino de aumentos donde el salario apenas alcanza para comer y con suerte, pagar los impuestos. Quienes están en blanco, tal vez se encuentran un poco más seguros. Tienen aguinaldo, posibilidad de obtener créditos y tarjetas, vacaciones pagas, y cobertura de salud. Quienes están en negro, no solo están imposibilitados a acceder a ello, sino que apenas les alcanza para comer, y cuando les alcanza. 

Un cambio de rumbo es necesario. Es primordial que los gobernantes encuentren la solución al empleo informal para garantizar verdaderamente los derechos de todos y todas. El sector privado debe hacer su parte y dejar de explotar por monedas a quienes ofrecen su fuerza de trabajo. Y juntos, sector público y privado, prestar atención a la juventud, que pierde sus mejores años en búsquedas fracasadas y a la cual, cuando llegue a edad jubilatoria, deberá dársele una respuesta. Habría que dejar de patear los problemas para adelante, y como dice el dicho “tomar al toro por las astas”. 

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