“Resistencia a la autoridad”, abusos policiales, y “fuerzas de seguridad” más democratizadas 

SANTA ROSA 01 de enero de 2020 Por Diario Tres
COLUMNA
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Por Franco Sarachinifrancos sarachin

 

Partes de prensa policiales dando cuenta de “sujetos aprehendidos” por “resistencia a la autoridad”…una catarata de relatos de ciudadanos a lo largo y ancho del país explicitando la utilización de esta figura penal para “meterlos en cana”…innumerables noticias en medios de comunicación de situaciones que comienzan así y derivan en abusos de autoridad con uso de la violencia física y psicológica contra una persona cualquiera.

La figura de “resistencia a la autoridad” es una de las más discutibles dentro de las legislaciones, ya que es más bien abstracta y donde suelen enfrentarse la palabra del policía o los policías (que ostentan el poder de funcionario público) contra la de un ciudadano. Y ante un careo, a menos que dicho ciudadano tenga pruebas contundentes (como videos, audios o relatos de testigos), la Justicia siempre falla a favor del efectivo policial justamente por tratarse de un funcionario público.

Pero la “resistencia a la autoridad” ha servido a lo largo del tiempo también para otras cuestiones, como por ejemplo para hostigar a los sectores estigmatizados por las “fuerzas de seguridad” (y lo pongo entre comillas porque no siempre brindan seguridad, sino que a veces son parte del problema), como lo son la juventud y los segmentos más vulnerables de la sociedad. En esas dos poblaciones, tanto la policía como la gendarmería suelen encontrar el caldo de cultivo para intimidar y accionar violentando los Derechos Humanos. 

Basados en la psicosis social que se ha generado desde mediados de la década de los 90 respecto a la inseguridad, y el aumento de los hechos delictivos que han llevado a una escalada colocando dicha temática en la agenda central de los partidos políticos y los medios de comunicación, se ha dicho por mucho tiempo que a más policías, mayor seguridad. Casos concretos de gobiernos provinciales que invierten millones en nuevos agentes, compra de vehículos que van desde motos, autos y camionetas, están a la vista. Pero he aquí algunos datos que demuestran que la incorporación de personal policial no ha modificado en nada la inseguridad, sino que muy por el contrario, los hechos han seguido acrecentándose. 

Según el libro Hostigados: violencia y arbitrariedad policial en los barrios populares, que cuenta con el trabajo del CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales), el empleo de figuras como “resistencia a la autoridad”, entre otras, han servido para profundizar la estigmatización de una parte de la población civil que ve el peligro en los jóvenes y sobre todo en los que provienen de barrios marginados y/o pertenecen al sector más vulnerable de la sociedad. Sólo por poner un ejemplo, “en la Ciudad Autónoma de Buenos, entre 2012 y 2014, se registraron 7.458 detenciones por averiguación de identidad, según la Policía Federal. Sólo un 2% de estas detenciones derivó en una causa penal. Un 98% de las personas detenidas fueron liberadas sin que se les iniciara una causa, es decir, sin que se identificara algún delito o un pedido de captura luego de la detención”.

Sumado a ello, en los últimos años, dicho libro manifiesta que “el Protocolo de actuación para la realización de allanamientos y requisas personales del Ministerio de Seguridad de la Nación habilitó, en contradicción con el Código Procesal Penal de la Nación, a las fuerzas de seguridad a detener y realizar requisas sin orden judicial a partir del olfato policial y de información anónima”. Y si a eso se le suman todas las declaraciones públicas y las acciones concretas que se generaron bajo la gestión de Patricia Bullrich al frente del mencionado ministerio, el terreno se ha vuelto aún más propicio para la violación sistemática de los Derechos Humanos. Amparados en un marco de inseguridad creciente, fue posible que una parte de la sociedad se vuelque a aplaudir acciones concretas como la doctrina Chocobar, o que opine a favor de una fuerza de seguridad que reprendía con violencia ante manifestaciones pacíficas, cercenando el derecho a la protesta que es legal en nuestro país.  

Esta mirada de dureza que debe tener la policía y la gendarmería no alcanzó únicamente a la Argentina, sino que se ha expandido por gran parte de Latinoamérica. Basta con observar en las redes sociales y algunos medios de comunicación que se ocupan de mostrar la realidad, los salvajes atentados que ambas fuerzas ejercen contra los ciudadanos en países como Bolivia (en el marco de un golpe de Estado), o Chile (en medio de una protesta social que lleva meses, contra una seguidilla de gobiernos neoliberales que ha acrecentado más que nunca la brecha entre ricos y pobres). Y esto, posiblemente tenga que ver con otro dato sumamente relevante que explicita Hostigados, violencia y arbitrariedad policial en los barrios populares: “las fuerzas de seguridad, en términos generales, no atravesaron un proceso de democratización y profesionalización al finalizar la última dictadura cívico-militar”.

A pesar de lo dificultoso que resulta generar un registro sistemático de estas prácticas policiales, los relatos llueven cuando uno decide investigar aunque sea un ápice sobre el tema. “A mí me pasó”, “yo tengo una historia para contarte del verano pasado”, “cuando llegué acá, la policía ejerció abuso de autoridad sobre mí”, inician infinidad de relatos de personas que de manera privada o pública cuentan sus experiencias nefastas con las fuerzas de seguridad. Dentro de las muchas escuchadas, una da cuenta de un joven de 18 años de Santa Rosa de Calamuchita que volvía del río con una amiga cuando fueron interceptados por “controles de rutina”. De manera violenta, los rodearon entre varios policías y le revisaron la mochila. Tenía sólo una yerbera y un mate. Pero eso no les bastó. Trasladaron y mantuvieron detenido al pibe por horas, intimidándolo. “Cuando mi vieja vino a ver qué había pasado, inventaban y exageraban la situación, contándola a su favor. Me habían hecho hablar con un policía adentro. Me hicieron firmar no se qué. La verdad que nunca me dijeron qué era lo que yo estaba firmando”, cuenta el joven. Y prosigue: “Como la situación era mucho para mí, me puse a llorar y me decían que no podía llorar. Me rebajaban. Se tomaban todo a modo de chiste. Eran muy soberbios”. Al pibe, lo habían detenido bajo la figura de “resistencia a la autoridad”.

Al consultar a varios abogados sobre este tema, las respuestas son contundentes. “Es una figura muy abstracta en realidad. No está definido qué tipo de acciones son resistencia a la autoridad. Puede ser desde el momento en que te den la voz de alto cuando estas caminando o corriendo y un policía te pide que te detengas, y vos sigas caminando o corriendo. También si lo increpas verbalmente. También es resistencia a la autoridad que lo golpees; eso es agravado inclusive”, explica uno. 

“Es una figura bastante simple. El cómo te podes defender siempre es muy complejo porque en este caso es tu palabra contra la de un oficial público; y eso es todo un tema. Para defenderte vas a tener que presentar las pruebas suficientes de acuerdo a si te imputan o no te imputan”, determina otro. 

Un tercero afirma que “lo de la palabra tuya versus la de la policía es difícil porque lo que dice la policía como funcionario público tiene fe pública y te corresponde a vos demostrar que es falso, que esa prueba es falsa. Generalmente, por las dudas, la policía se cubre pidiendo que alguien que pasa por ahí quede como testigo”.

En síntesis, y ante un caso de estos, el primero de los abogados recomienda: “Uno lo que tiene que hacer frente a estas situaciones es en primer lugar estar muy tranquilo para no agravar lo que pasa. La policía está legitimada para usar la fuerza y en estos casos siempre se le va a creer a la policía es lo que respecta a la Justicia, salvo que haya pruebas contundentes. Por otro lado, si se puede filmar, es una buena herramienta. Por lo general no te van a dejar hacerlo, pero sí se puede. Llevar siempre consigo el documento y mostrarlo si lo solicitan, e intentar colaborar en la mayor medida posible”.

Vale dejar en claro que la policía es una institución pública compuesta por hombres y mujeres, algunos accionando de manera correcta y otros de forma arbitraria, algunos abusando de su autoridad y otros al servicio de la comunidad. Ni [email protected] son [email protected], ni [email protected] son [email protected] Pero que dicha fuerza necesita de mayor profesionalización, está a las claras. No es posible que llegando al 2020, aún suceda que te detienen sin explicaciones, te mantienen privado de tu libertad durante horas e incluso días, y eso quede impune sólo porque están amparados en el rol de “funcionario público”. Mayor diálogo con la comunidad y muchas veces más respeto a la hora de dirigirse a la ciudadanía podrían ser un buen comienzo en una convivencia más civilizada entre quienes deben protegernos y quienes queremos sentirnos protegidos. 

Diario Tres

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