Crecimiento inmobiliario, ganadería y cambio climático: los desafíos de las cuencas serranas

RELATOS y OPINIONES 
SANTA ROSA03/09/2026Diario TresDiario Tres
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Calamuchita crece. Crecen sus pueblos, aumentan los loteos, se multiplican las construcciones y se expanden distintas actividades económicas sobre un territorio que tiene en el agua y en la naturaleza algunos de sus recursos más valiosos.

El problema no es el crecimiento en sí mismo. El verdadero desafío es preguntarnos cómo crecemos y qué lugar ocupa el cuidado del ambiente dentro de ese proceso.

Las cuencas serranas de Calamuchita atraviesan una situación compleja. Sobre ellas actúan distintas presiones que, en muchos casos, se potencian entre sí: el crecimiento inmobiliario, la expansión de la actividad ganadera, el cambio climático, los incendios y la presencia de especies exóticas invasoras.

La advertencia de Daniel Ulla, presidente de la Fundación Monterita del Quillinzo y especialista en Gestión de Cuencas Hídricas, debería servir para abrir una discusión más profunda sobre el futuro ambiental de la región.

No se trata de generar alarma. Se trata de prestar atención.

Durante años, el crecimiento de las localidades serranas fue visto como una señal indiscutible de progreso. Más viviendas, nuevos emprendimientos, mayor movimiento turístico y más habitantes parecían formar parte de una misma ecuación positiva.

Pero todo crecimiento genera impactos. Y cuando ese crecimiento ocurre en territorios ambientalmente sensibles, la planificación deja de ser una opción para convertirse en una necesidad.

Las cuencas hídricas no son espacios vacíos disponibles para cualquier tipo de intervención. Son sistemas complejos que sostienen la vida de las comunidades y de los ecosistemas. Lo que ocurre en una parte de la cuenca puede generar consecuencias en otra.

Una modificación en las zonas altas puede afectar a quienes viven río abajo. Una decisión tomada hoy puede tener consecuencias durante décadas.

Por eso, el desarrollo inmobiliario debe necesariamente ir acompañado por estudios, planificación y políticas que contemplen la disponibilidad y el cuidado del agua.

No se trata de estar en contra del crecimiento. Se trata de evitar que el crecimiento termine destruyendo aquello que hace posible vivir en estos territorios.

La actividad ganadera también forma parte de la realidad de las cuencas serranas. Es una actividad histórica y fundamental para muchas familias y comunidades de la región. Sin embargo, como ocurre con cualquier actividad productiva, necesita desarrollarse dentro de límites que permitan conservar los recursos naturales.

La alta carga ganadera en determinados sectores puede generar presión sobre los suelos y los ecosistemas. Y lo que sucede en el suelo también tiene consecuencias sobre el agua.

Las cuencas funcionan como sistemas interconectados. La vegetación, los suelos, los cursos de agua y la fauna forman parte de un mismo equilibrio. Cuando uno de esos componentes se deteriora, los efectos pueden trasladarse al resto del sistema.

El desafío no debería ser elegir entre producción o ambiente. El verdadero desafío es encontrar formas de producir sin comprometer los recursos que sostienen esa producción.

A estas presiones se suma un factor que ya no puede ser considerado una amenaza lejana: el cambio climático.

Las sequías prolongadas, los cambios en los regímenes de lluvias y los fenómenos extremos generan nuevas condiciones para los territorios serranos. La vulnerabilidad hídrica aparece, entonces, como uno de los grandes desafíos para los próximos años.

El agua no solamente es necesaria para el consumo de las comunidades. También es fundamental para la producción, la biodiversidad y el turismo.

En una región como Calamuchita, donde la naturaleza es uno de los principales motores de la economía, el cuidado de los recursos naturales debería ocupar un lugar central en cualquier discusión sobre desarrollo.

No se puede promocionar una región por sus ríos y paisajes mientras se ignoran los factores que ponen en riesgo su conservación.

Los incendios forestales representan otra amenaza permanente para las cuencas serranas. Sus consecuencias van mucho más allá de la pérdida inmediata de vegetación. Un incendio puede modificar los suelos, afectar la cobertura vegetal y alterar la capacidad del territorio para retener y regular el agua.

A este escenario se suma la presencia de especies exóticas invasoras, que también generan modificaciones en los ambientes naturales y representan otro desafío para la conservación de la biodiversidad.

El trabajo de monitoreo que realiza la Fundación Monterita del Quillinzo aporta una herramienta fundamental: información.

Desde hace cinco años, la organización estudia la calidad del agua del río Quillinzo mediante análisis físicos, químicos y microbiológicos, además del seguimiento de la fauna acuática. Los trabajos permiten conocer el estado actual del río y observar la evolución de distintos indicadores a lo largo del tiempo.

Los resultados muestran actualmente un panorama positivo sobre la salud del agua, aunque también existen aspectos que requieren seguimiento, como las variaciones detectadas en algunos indicadores.

Y allí aparece una idea fundamental: no se puede cuidar lo que no se conoce.

Pero conocer tampoco es suficiente si esa información no se transforma en decisiones. La investigación debe servir para planificar. Los datos deben servir para prevenir. Y las advertencias deben servir para actuar antes de que los problemas se conviertan en crisis.

Los daños sobre una cuenca pueden producirse lentamente y sus consecuencias pueden aparecer muchos años después. Del mismo modo, las políticas de recuperación y protección necesitan continuidad.

No siempre generan resultados inmediatos. No siempre ofrecen una inauguración. Pero pueden definir el futuro de una comunidad.

La advertencia sobre el fuerte impacto que la presencia humana ha tenido en las cuencas serranas durante las últimas décadas debería llevarnos a una reflexión.

Calamuchita tiene todavía una enorme riqueza natural. Sus ríos, sus sierras y sus paisajes forman parte de su identidad y también de su futuro.

Cuidarlos no significa detener el desarrollo. Significa entender que no existe desarrollo posible si se destruyen los recursos que sostienen la vida.

El crecimiento inmobiliario, la ganadería y el cambio climático son desafíos que ya están presentes.

La pregunta es si vamos a esperar a que sus consecuencias sean irreversibles para comenzar a actuar.

Porque el agua necesita tiempo para recuperarse. Las cuencas también.

Y las decisiones que tomemos hoy determinarán cómo será Calamuchita dentro de varias décadas.