La paradoja de Calamuchita: casas vacías de temporada y familias sin techo

RELATOS y OPINIONES 
26/07/2026Diario TresDiario Tres
FRANCO S

Calamuchita atraviesa una de sus mayores contradicciones. Mientras miles de visitantes llegan cada año atraídos por sus paisajes, sus ríos, sus sierras y la tranquilidad de sus pueblos, muchas familias que nacieron y crecieron en este valle encuentran cada vez más difícil acceder a una vivienda propia o incluso conseguir un alquiler permanente.

La postal parece difícil de explicar: barrios que durante gran parte del año permanecen silenciosos, viviendas cerradas esperando la llegada de sus dueños durante fines de semana largos o temporadas de verano, mientras trabajadores, jóvenes y familias locales recorren inmobiliarias buscando un lugar donde vivir.

El turismo transformó a Calamuchita. Generó empleo, inversiones y oportunidades económicas. Nadie puede negar la importancia de una actividad que mueve gran parte de la economía regional. Pero el crecimiento también trajo nuevos desafíos que como comunidad debemos animarnos a discutir.

Uno de ellos es el acceso a la vivienda.

En muchas localidades del valle, el precio de los alquileres quedó lejos de los ingresos de trabajadores que sostienen justamente la actividad turística: empleados gastronómicos, comerciantes, prestadores de servicios, trabajadores municipales, emprendedores y jóvenes que quieren quedarse en el lugar donde nacieron.

La pregunta que aparece es incómoda, pero necesaria: ¿un pueblo turístico puede crecer dejando afuera a sus propios habitantes?

El problema no es la vivienda turística en sí misma. Las casas destinadas al alquiler temporario son parte de una economía que beneficia a muchas familias y generan movimiento comercial. La discusión pasa por encontrar un equilibrio entre el desarrollo turístico y el derecho de quienes viven todo el año en Calamuchita.

Porque un destino no se construye solamente con cabañas, hoteles y restaurantes llenos. Se construye también con vecinos que puedan quedarse, formar una familia, trabajar y proyectar su futuro.

Si quienes atienden los comercios, limpian las habitaciones, construyen las casas, cuidan los espacios públicos y brindan servicios no pueden vivir en el lugar donde trabajan, algo del modelo de crecimiento merece ser revisado.

alquiler

El desafío para los próximos años será pensar políticas habitacionales que acompañen la expansión de Calamuchita. Generar viviendas accesibles, promover alquileres permanentes, ordenar el crecimiento urbano y debatir qué tipo de valle queremos construir.

Porque una comunidad no se mide solamente por la cantidad de turistas que recibe, sino también por la calidad de vida que ofrece a sus propios habitantes.

Calamuchita tiene una enorme oportunidad: seguir creciendo sin perder su identidad. Pero para eso necesita recordar algo fundamental: detrás de cada paisaje que enamora al visitante, hay personas que viven, trabajan y sueñan con seguir siendo parte de este lugar.

El verdadero desafío no es elegir entre turismo o vecinos. El verdadero desafío es construir una Calamuchita donde haya lugar para ambos.