La industria del turismo en Calamuchita hoy

Movimiento sin rentabilidad
SANTA ROSA17/04/2026Diario TresDiario Tres

FRANCO S

 

Por momentos, los números parecen contar una buena historia. Los porcentajes de ocupación en Calamuchita suelen mostrar cifras altas, especialmente durante la temporada de verano y también en los fines de semana largos, cuando miles de visitantes eligen el valle para una escapada. Sin embargo, detrás de esa postal alentadora se esconde una realidad mucho más compleja: hay turistas, pero no hay consumo.

Hoy el problema no pasa solamente por la cantidad de visitantes que llegan a destinos como Santa Rosa, Villa General Belgrano, Villa Yacanto o Embalse. El verdadero drama está en lo que ocurre una vez que esos turistas se instalan: gastan menos, acortan estadías, reducen salidas gastronómicas y cuidan cada peso.

Y esto no sucede únicamente durante la temporada alta. La misma lógica se repite durante cada fin de semana largo, fechas que históricamente funcionaban como un fuerte impulso para la economía local. Aunque la ocupación hotelera suele ser elevada, el movimiento comercial no refleja ese mismo nivel de actividad. Hoteles, cabañas y complejos pueden mostrar buenos porcentajes, pero restaurantes, bares y comercios advierten que el gasto promedio cayó de manera sostenida.

La escena se repite en todo el valle. Hoteles con buena ocupación, pero con márgenes cada vez más ajustados. Restaurantes con mesas ocupadas, aunque con tickets promedio muy por debajo de otras épocas. Comercios abiertos hasta tarde, esperando ventas que muchas veces no llegan.turismo sin rentabilidad

Es la economía real la que habla.

El modelo económico impulsado por el gobierno de Javier Milei tiene efectos que en regiones turísticas como Calamuchita se sienten de manera directa. La caída del poder adquisitivo, el aumento de tarifas, alquileres y costos operativos, sumados a salarios que no logran recomponerse al ritmo de los precios, golpean tanto al visitante como al empresario local.

En términos simples: la gente viaja, pero lo hace con lo justo.

Muchos turistas optan por hospedajes más económicos, llevan mercadería desde sus ciudades de origen, cocinan en cabañas y reducen el gasto en recreación. Lo que antes significaba varios días con salidas, compras y gastronomía, hoy muchas veces se resume en una escapada breve y austera, incluso en fines de semana largos donde antes el consumo era mucho más dinámico.

Y eso impacta de lleno en el corazón productivo de Calamuchita.

Porque en una región donde gran parte de la economía depende del turismo, el daño no se limita al sector hotelero. La cadena es amplia: gastronomía, almacenes, estaciones de servicio, artesanos, comercios de indumentaria, prestadores de excursiones y trabajadores temporarios.

Todos sienten el mismo síntoma: movimiento sin rentabilidad.

La paradoja es evidente. Mientras los números de ocupación pueden resultar positivos, en el territorio la sensación es otra. El consumo interno, verdadero termómetro del sector, no acompaña.

En Calamuchita no alcanza con que las plazas estén llenas. Lo que sostiene empleo, inversión y continuidad comercial es el gasto que deja cada visitante.

Y hoy, ese gasto se achica.

La pregunta que queda abierta es hasta cuándo el sector privado podrá sostener estructuras, personal y costos crecientes con una rentabilidad en descenso.

Porque una temporada —o incluso un fin de semana largo con ocupación plena— puede parecer exitosa en las estadísticas, pero fracasar en la economía cotidiana de quienes viven del turismo.

En Calamuchita, donde el turismo no es un complemento sino uno de los principales motores de la economía regional, la preocupación ya no pasa solo por atraer visitantes, sino por recuperar la capacidad de consumo que sostiene al entramado productivo local.

Las postales de hoteles llenos y calles concurridas pueden ofrecer una imagen alentadora, pero no alcanzan para disimular una realidad que comerciantes, gastronómicos y hoteleros conocen de primera mano: sin consumo no hay recuperación posible.