Escuelas rurales: los refugios del norte cordobés que demandan más atención

Lucas Viano
Redacción de UNCIENCIA
Secretaría de Ciencia y Tecnología – UNC
PROVINCIA14/04/2026Diario TresDiario Tres

Casi olvidada por las políticas educativas, la escuela rural sigue siendo un faro en los puntos más alejados de las ciudades, a veces como la única presencia del Estado.

Las instituciones rurales son heterogéneas y fuertemente ancladas en el territorio. Tienen sus carencias y reclamos. Sin embargo, estas experiencias pedagógicas tienen mucho que enseñar a sus pares urbanos. Estas son algunas de las primeras conclusiones que se extraen de una investigación de la UNC.

El trabajo está estudiando las configuraciones escolares y desigualdades en tramas rurales. El proyecto cuenta con un subsidio del Observatorio Social y Cultural para el Desarrollo Sostenible, dependiente de la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la UNC.

La directora es Laura Freyre. El equipo está integrado por investigadores de las facultades de Ciencias Sociales y de Filosofía y Humanidades, además de la Escuela de Nutrición (Facultad de Ciencias Médicas).

La experiencia del plurigrado

Según datos oficiales del Ministerio de Educación de Córdoba, en 2022 había 2.059 escuelas primarias, de las cuales, 1.012 estaban en el ámbito rural. Y de los más de 357 mil alumnas y alumnos, el 8,9% (casi 32 mil) concurrían a instituciones rurales.

Es decir, son instituciones con pocos alumnos, pero también pocos docentes, muchas de ellas solo con una maestra. Entonces, la enseñanza es en plurigrados y muy heterogénea. Hay escuelas con dos o cinco estudiantes, y otras con más de 15.

“El plurigrado permite desarrollar habilidades muy valiosas. Las docentes destacaron mejoras en la expresión oral, el trabajo en grupo y el respeto por la palabra”, señala Freyre.

Por su parte, Mariano Pussetto, codirector del proyecto, agrega: “Las maestras consideran que se aprende mejor en esa dinámica. Hay un aprendizaje entre pares muy fuerte, donde los estudiantes más avanzados acompañan a los que están en etapas anteriores”.

Algunos testimonios de docentes recogidos por la investigación refuerzan esta idea. “En el plurigrado existe un préstamo de conocimiento entre estudiantes. Y también se tiene en cuenta el ritmo de madurez, hay toda una complejidad que tiene que ver con su historia de vida. Muchas veces vos le preguntas al de cuarto y te lo contesta segundo o tercero”, reconoció una maestra.

Hasta el momento el equipo ha realizado 18 entrevistas a docentes y personal de siete de las 10 escuelas rurales que abarca el proyecto. Además, se han realizado otras actividades relevantes, como un encuentro de escuelas rurales a pedido del Ministerio de Educación de Córdoba.

Los investigadores produjeron una serie de videos para Youtube sobre su trabajo en las escuelas rurales de Córdoba como una forma de visibilizar la temática.

Los problemas en las escuelas rurales

Una preocupación que manifiestan los docentes es la continuidad de esos alumnos cuando egresan de la primaria. “La secundaria es obligatoria desde 2006, pero existe una gran diferencia entre la cobertura de la primaria en zonas rurales y las posibilidades reales de continuar en el nivel secundario”, asegura Freyre.  El problema es más marcado en las escuelas albergue.

La falta de estrategias y materiales didácticos pensados para la ruralidad es otro déficit detectado por la investigación. “Tenés que armar todo porque no hay nada. No está vista la escuela rural”, comentó una maestra.

La experiencia en parte ayuda a cubrir la falta de formación docente específica para la ruralidad. “Las políticas educativas suelen estar pensadas para contextos urbanos, y el personal docente tiene que adaptarlas a realidades como el plurigrado. Es un desafío pedagógico enorme, que las maestras resuelven con mucho saber práctico, pero sin un respaldo sistematizado”, comenta Freyre.

Por eso, los investigadores señalan que la continuidad del docente es clave, pero muchas veces ocurre todo lo contrario. “Hay mucha inestabilidad docente: suplencias que no se sostienen y rotación constante. Esto afecta directamente lo pedagógico, sobre todo en escuelas albergue, donde la relación con los estudiantes es mucho más integral”, indica Pussetto.

Y Freyre agrega: “Cuando una maestra permanece en la escuela durante años, logra un conocimiento profundo de la comunidad, de las familias y del contexto”.

Los investigadores también detectaron que los docentes rurales sienten cierta soledad en su trabajo. “Hay una necesidad de agruparse con maestras de otras escuelas rurales para abordar juntas la especificidad que tiene su tarea: plurigrado, personal único, distancias, etc.”, cuenta Pussetto.

La importancia de la comida

Los investigadores detectaron otras carencias en estas instituciones como los cierres de comedores y dificultades en la provisión de alimentos. “Yo quiero atender a estos chicos como me gustaría que atiendan a los míos”, comentó un cocinero al equipo de investigación.

En Córdoba rige el Programa de Asistencia Integral Córdoba (Paicor) como política alimentaria escolar. En la ruralidad mantiene la forma de preparación y servido en el lugar.

“El servicio de cocina se modifica en cada escuela según matrícula, horarios escolares, condiciones climáticas y del terreno y capacidad edilicia. El entramado comunitario es clave para consolidar vínculos sociales y garantizar el derecho a la alimentación de las infancias”, señala Freyre.

Además, de la alimentación, otros temas que abordan desde la investigación son el lugar de la escuela en relación al cuidado de la salud y como referencia para trabajar formación en perspectiva de género.

La maestra, una figura fuerte en la ruralidad

Una distinción con las escuelas urbanas que encontraron en el estudio es que la figura de la maestra tiene un lugar de mucha legitimidad en la comunidad y no se la cuestiona. “La escuela rural sigue siendo una referencia del lugar, todavía no ha perdido ese respeto”, reconoce una maestra, entrevistada para el proyecto.

Otro testimonio docente afirma: “Si hay una situación de familia, vienen a consultar, tanto el hombre como la mujer. Sos un referente. No solo para dar un consejo, sino con esto de los sentimientos, de lo que le pasó con su hijo”.

El trabajo de investigación sigue en marcha. Uno de los objetivos es visibilizar estas realidades y generar materiales para pensar en políticas públicas. “También asumimos el compromiso de volver a las comunidades y compartir lo producido. No queremos reproducir una lógica extractivista”, asegura Freyre.