Milei en Calamuchita - OPINIÓN -
paciencia que empieza a tensarse
Diario Tres
En el mapa político argentino, Córdoba ha sido históricamente un territorio clave para entender los cambios de humor social. Y dentro de la provincia, Calamuchita no es la excepción: un valle atravesado por el turismo, el trabajo independiente y una fuerte identidad productiva que hoy ofrece una radiografía interesante sobre la imagen de Javier Milei.
En líneas generales, el Presidente mantiene en la región una valoración positiva, en sintonía con lo que ocurre en gran parte de Córdoba. Entre sus votantes —y también en sectores que no necesariamente lo acompañaron desde el inicio—persiste una idea clara: Milei representa una ruptura con la política tradicional. Es, para muchos, el dirigente que vino a hacer lo que otros no hicieron.
Ese capital simbólico sigue siendo su principal fortaleza.
En Calamuchita, donde abundan comerciantes, emprendedores turísticos y trabajadores independientes, el discurso de orden económico, reducción del Estado y defensa del sector privado encuentra terreno fértil.
No es casual: se trata de un electorado históricamente crítico del kirchnerismo y permeable a propuestas que promuevan menor presión fiscal y mayor libertad económica.
Sin embargo, el respaldo no es incondicional.
A medida que el ajuste económico impacta en el bolsillo, comienza a aparecer una tensión que, aunque todavía no rompe el apoyo, sí lo vuelve más frágil. La caída del consumo, la incertidumbre y el freno en la actividad empiezan a sentirse, especialmente en una región donde el movimiento económico depende en gran parte del turismo y del gasto de los visitantes.
Ahí es donde el apoyo se transforma.
Ya no es el entusiasmo inicial, sino una especie de “crédito abierto”.
Muchos votantes sostienen su acompañamiento bajo una lógica de espera: consideran que el rumbo es correcto, pero necesitan ver resultados concretos en el corto o mediano plazo.
En paralelo, también emergen diferencias internas. Mientras algunos sectores mantienen una adhesión firme —sobre todo quienes priorizan el cambio de modelo por sobre los costos—, otros comienzan a expresar preocupación, especialmente entre trabajadores con ingresos más ajustados o vinculados al sector público.
Calamuchita, en este sentido, no muestra una grieta abrupta, pero sí un cambio de clima: de la expectativa al análisis, del apoyo emocional a una evaluación más pragmática.
El desafío para Milei es claro. En un territorio que le es favorable, la clave no está en convencer, sino en sostener. Y para eso, la narrativa ya no alcanza: hacen falta señales económicas que validen la paciencia social.


